Courbet, pintor de paisajes vaginales | Cultura | EL PAÍS

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Courbet, pintor de paisajes vaginales | Cultura | EL PAÍS

Courbet, pintor de paisajes vaginales

El escritor francés David Bosc rescata los últimos días en el exilio de Suiza del artista

EVA DÍAZ PÉREZ

'El origen del mundo' (1886), obra del pintor Gustave Courbet que se exhibe en el Museo de Orsay en Paris.rn

Entra la luz azul del París de 1866 por la ventana de un estudio. Huele a tabaco de pipa, vino blanco y trementina. Sobre una sábana revuelta de pereza y lujuria una modelo abre sus piernas. En el lienzo el artista Courbet moja el pincel y descubre el color rosa más turbador de la Historia del Arte. Una pincelada de rosa erotizante para mostrar un sexo que parece a punto de devorar al espectador.

El hombre que pintó El origen del mundo, uno de los cuadros más audaces de la Historia, es el protagonista de la novela del escritor David Bosc (Carcasonne, 1973) La fuente clara (Demipage). Courbet sufre los días de su exilio en Suiza mientras deambula, divaga y agoniza en las páginas de este libro. Es un Courbet a punto de morir que intenta olvidar sus días en el París salvaje, sangriento y fabuloso de la Comuna. Y que expía culpas después de haber pagado con la cárcel y con una multa imposible su supuesta responsabilidad en la destrucción de la Columna Vendôme en los días de triunfo de la rebelión comunera. La Comuna es un sueño ya lejano que quedó desangrado en las últimas barricadas en Montmartre y en el Muro de los Federados del cementerio de Père-Lachaise aquellos días de mayo, en el tiempo de las cerezas.

Bosc disecciona en una novela-biografía o biografía novelada a un Courbet prematuramente envejecido, silencioso, que recuerda sus cuadros y que camina hinchado por el vino. Morirá el último día de 1877 de cirrosis. Ya no es el artista que con cada obra intentaba dinamitar el romanticismo para que entrara el realismo voraz, fierísimo, lleno de mugre, fealdad y también de la rabiosa belleza de lo cotidiano. Un Courbet que apenas recuerda al que entró en el siglo XIX para ponerlo del revés y dejarlo limpio de neoclasicistas, románticos, simbolistas e historicistas. El artista que echa el telón de un mundo para que comience otro. Justo cuando está a punto de irrumpir el impresionismo y la fotografía ha liberado al artista de tener que copiar la realidad. Un hombre en la frontera, en la tierra de nadie, en el abismo.


La novela de Bosc sirve de excusa para volver a un cuadro que fascina y asquea a un artista inclasificable. Hace un par de años
 la artista Deborah de Robertis realizó una performance en el mismo Museo de Orsay mostrando su sexo ante El origen del mundo como si estuviera ante un espejo. El escándalo existe como existía cuando se pintó el cuadro. No hay ojo de época, porque todas las épocas miran con sospecha el lienzo. La historia de esta obra es la crónica de un cuadro innombrable y clandestino. Se exhibe oculto en cámaras secretas y en gabinetes privados de coleccionistas erotómanos, viaja en maletas de doble fondo, queda escondido dentro de otro cuadro y sufre el robo y saqueo durante la Segunda Guerra Mundial.Courbet es siempre un dilema, un problema, un desafío, una incomodidad. No hay más que ver los rostros de los que hoy observan El origen del mundo en el Museo de Orsay. Habría que filmar la contemplación de ese vientre “hermoso como la carne de un Correggio”, según escribió Edmond de Goncourt. El famoso psicoanalista Jacques Lacan, que fue uno de los propietarios del lienzo, analizaba la reacción de sus amigos cuando les enseñaba el cuadro que guardaba oculto en su casa. Se sumergía así en los misterios del voyeur. Ese cuadro le servía como laboratorio analítico de la psique. Era el que mira al que mira.

El crítico Thierry Savatier escribió hace unos años la biografía de este lienzo maldito en El origen del mundo. Historia de un cuadro de Gustave Courbet, y que en España publicó en 2009 Ediciones Trea. Allí aparece el Courbet bizarro, osado y extravagante que pinta un lienzo que pretende desbaratar la historia del desnudo. Y se plantea la primera pregunta: ¿quién es la modelo? Se pueden rastrear semejanzas en sus otras mujeres pintadas. ¿Será alguna de sus bañistas despreocupadas? ¿O quizás se esconde en el sueño viscoso y dulce de sus mujeres dormidas? ¿Tal vez en las que posan desnudas con loros o con perros? Más y más escándalo. Hay varias hipótesis. Podría ser Jeanne de Tourbey, la ex lavadora de botellas que llegó a gran dama, culta amante “de todo el mundo”, según las jugosas crónicas de los hermanos Goncourt, y que reunía en su famoso salón a lo mejor del París del Segundo Imperio. Sí, podría ser.

O tal vez el paisaje vaginal pertenecía a Joanna Hifferman a la que Courbet pintó salvaje y desmelenada en Jo la irlandesa, aunque habría que recordar que era pelirroja, lo que descarta por lógica toda posibilidad. Y ahí están algunas de las modelos que posaron para él como Amaury Duval, Augustine Legaton o Henriette Bonnion. Sin descartar otra posibilidad del siglo de la fotografía, que Courbet tuviera inspiradoras instantáneas de desnudos que ilustraban discretísimos álbumes para consultar en la soledad de los gabinetes. No hay más que revisar las tiradas eróticas estereoscópicas conservadas en la Biblioteca Nacional de París que realizó Auguste Belloc, uno de los precursores de este mercado clandestino y por cuyo negocio estuvo en la cárcel. Sí, todo es posible en ese mundo desenfrenado, sexual, clitórico y despreocupado del París de Napoleón III. Quizás lo mejor sea pensar que podría ser una especie de monumento a la mujer desconocida, aunque hay quien en los últimos años se ha empeñado en encontrar el rostro del sexo pintado por Courbet rastreando improbables lienzos en tiendas de anticuarios.

Y si curioso es el misterio de la modelo, más aún lo es el viaje secreto del cuadro desde que lo adquiere el diplomático otomano Khalil Bey hasta que se cuelga en las paredes del Museo de Orsay en junio de 1995. Bey lo mantenía oculto tras una cortina verde en el cuarto de baño de su casa, en el número 24 del Bulevar de los Italianos, en el antiguo Hotel Brancas. Pero las deudas de juego obligaron al coleccionista a venderlo. A partir de ese momento se inicia la etapa más clandestina del lienzo clandestino de Courbet. Un secretismo a menudo adobado por grandes dosis de invención mezcladas con el inevitable moralismo que ha acompañado siempre a este cuadro.


En 1912 lo compra la galería Bernheim Jeune que lo vende al barón húngaro Ferenc Hatvany, coleccionista que lo esconde –su eterno destino- entre las cornucopias y los canapés exquisitos de su palacio típico del espíritu de la Mitteleuropa. Pero con la
 Segunda Guerra Mundialllega la leyenda. Cuenta Thierry Savatier en su ensayo que durante muchos años el mundo del arte creyó en la versión oficial de que la colección del barón había sido saqueada por los nazis y que el ejército rojo la recuperó para luego devolverla. Sin embargo, habría que introducir un matiz importante. El origenforma parte del botín de guerra de los rusos. Imaginamos el sexo abierto pintado por Courbet recorriendo las cicatrices de la tragedia europea, oculto en museos secretos, depositado en bancos, temblando bajo los bombardeos. El origen del mundo a punto de desaparecer. La carne caliente y palpitante convertida en cenizas bajo el ruido de la guerra.En 1889, según una pista de Edmond de Goncourt, aparece en la casa del anticuario, coleccionista de arte oriental y marchante La Narde. El cuadro ya está oculto dentro de otro cuadro de Courbet, un paisaje del castillo de Blonay que Courbet pinta durante su exilio en Suiza. Una obra bucólica sin más intención que ser un cuadro-escondite.

Terminado el conflicto bélico, el barón Hatvany inicia la búsqueda de su cuadro. Pero ese lienzo debía de estar almacenado en el depósito de un gran museo ruso, era un secreto de Estado y Stalin seguía vivo. Una elipsis aliviará al lector: el barón consigue finalmente recuperarlo de las zarpas del oso soviético, aunque es un misterio cómo. Hay una hipótesis en la que El origen parece el argumento de una película de espías: pasó clandestinamente el telón de acero en el doble fondo de una maleta. Así al menos lo relataba la segunda esposa de Lacan, Sylvie Bataille.

De todas formas lo importante es que el lienzo ya está otra vez en Francia. Lo compra el psicoanalista Jacques Lacan por sugerencia de su esposa en 1954. A la muerte de Lacan, éste lo donará al Estado y en el verano de 1995 el mundo queda asombrado –y en buena parte escandalizado porque así es el ojo de todas las épocas- cuando se muestra en la Sala Courbet del Museo de Orsay. L’innominato, el que nunca se nombra, está ahora a la vista de todos, junto a las mujeres dormidas, las marinas, las naturalezas muertas y los ciervos y corzos que agonizan en la nieve. Cuerpos y paisajes macerados por el tiempo, pudriéndose salvajes y bellísimos por un exceso de vida.

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UROGALLO / Crónica / “Apuntes” sobre el I Festival de Poesía Expandida | Tam-Tam Press

Por GABRIEL QUINDÓS.— Crónica de UROGALLO, I Festival de Poesía Expandida, que se celebró en León del 28 al 30 de octubre de 2016, con once espectáculos repartidos por escenarios de toda la ciudad …

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UROGALLO / Crónica / “Apuntes” sobre el I Festival de Poesía Expandida | Tam-Tam Press

APUNTES SOBRE UROGALLO

“Si los poetas no cantasen,
el mundo parecería un teatro vacío”

Por GABRIEL QUINDÓS

El novelista y guionista de cine Gabriel Quindós escribe la crónica de UROGALLO, I Festival de Poesía Expandida, que se celebró en León del 28 al 30 de octubre de 2016, con once espectáculos repartidos por escenarios de toda la ciudad y una sección OFF (el OLLAGORU) en los que la poesía se entretejió con la música, el teatro, el happening y otras artes de la provocación. Organizado por la Concejalía de Cultura del Ayuntamiento de León, el programa estuvo comisariado por la asociación UAW/MF y producido por Producciones Infames

VIERNES 28 DE OCTUBRE
18:00 h Explanada del MUSAC
A golpe de bardo. TEATRO EL MAYAL – ULE

Espectadores y actores mezclados en un espacio público. Pasan los minutos y aún no se discierne quiénes son de los primeros y quiénes de los segundos. Un joven de traje y corbata se encarama a lo alto del remolque del camión empotrado contra la fachada del Musac y declama unos versos. De manera escalonada, se desenmascaran otros de los actores participantes en la acción poética, camuflados hasta entonces de meros asistentes. Un moderno trovador, acompañado de una guitarra, deambula en busca de quien lo escuche. Una mujer deja caer unas manzanas y lamenta la suerte de los cómicos. Una rockera, litrona de cerveza en mano, desgrana el sino de los desheredados. Un hombre, con un arma de fuego de atrezo, somete a una esclava. Hay más que abandonan las filas de los mirones: una ninfa, una mujer que clama por el pueblo judío, una chica que dispara con una inofensiva pistola de agua. Transitan entre el público; recitan de cerca, mirando a los ojos. De la boca de todos ellos salen versos de ShakespeareHamletRicardo IIINoche de reyes.

Un director de teatro, Javier R, de la Varga, suspira por ser invisible. Con mano delicada, consigue que todos acabemos encajonados en un recoveco del edificio.

Irrumpe en la explanada un coche que escupe una música estridente y un torrente de humo. Semiocultas entre la tiniebla artificial, Andrea e Inés se baten en un duelo verbal cargado de ruido y furia. Cuando comienza a despejarse la cortina de niebla, se escuchan unas palabras que quizá sean el mejor resumen de los afanes que despuntarán a lo largo de los próximos días:

“Si los poetas no cantasen, el mundo parecería un teatro vacío”.

De poblar de versos las butacas soñolientas del teatro del mundo trata Urogallo.

18:15 h Sala 6 del MUSAC
Ser no representable. ACÉFALO NARCISO TEATRO

El escenario es un almacén de obras de arte. Lo suponemos, porque todas permanecen embaladas en sus cajas y, como corazas que protegieran su intimidad, nada atisbamos sobre su contenido. Los actores, Manuel AO y Javier R. de la Varga, desplazan esos custodios para instalar el decorado escénico a la vez que, casi imperceptiblemente, comienza la representación o, en esta singular propuesta, la negación de la misma.

Los textos de Víctor M. Díez contravienen la narrativa convencional al retratar al hombre. En quien se hace preguntas, el pensamiento fluye desatado, esquivo, deshilachado, imposible de apresar o de mantenerlo sujeto a un rumbo. Todo conocimiento que se refiere a uno mismo es fragmentario.

Bajo estas premisas que pudieran desprenderse de lo escuchado, los actores recorren las obsesiones que aprisionan a uno. Estas afloran sin andamiaje académico; los recuerdos se pierden, se incendian, se embrollan, se desvanecen, travesean perdidos sin el sosiego de hallar el bálsamo de una conclusión, tan solo un sumario de confusiones. El hombre como el disturbio de unos pedazos rotos imposible de sellar, de dotarles de una forma redonda, cómoda, reconocible.

“La palabra en sus ovillos”, se pronuncia: el discernimiento enmarañado que habita en el territorio del caos.

¿Es teatro?, ¿es performance?, ¿es poesía? Tratándose de Víctor M. Díez y de Acéfalo Narciso, solo cabe hablar de lo permeable, lo difuso, lo que no se deja definir ni acotar. Una búsqueda de lo indecible.

20:30 h Salón de actos Alfonso V
Blues castellano. COVA VILLEGAS y DELTA GALGOS

Este cronista, maniatado por obligaciones contraídas con anterioridad, cometió el pecado de ausentarse de esta representación. Cedo la palabra y el espacio a G. Arenas:

“Es la tercera vez que Cova Villegas y Delta Galgos llevan a escena los poemas-blues de Gamoneda, restituyéndoles las notas y el ritmo de los blues más auténticos, devolviéndoles al ámbito originario que sirvió de inspiración al poeta para construir, sobre esa música, un relato sobre la realidad del largo periodo teñido de injusticia, pobreza y hambre que fue la España del tardofranquismo. Es la tercera vez que lo escucho y cada vez me gusta más.

En el espacio de dos años largos el espectáculo ha ido ganando en profundidad, al indagar en la sonoridad única de cada una de las nueve canciones (poemas) sobre las que han trabajado estos tres grandes músicos leoneses. Gonzalo Ordás Marcos Cachaldora —un curioso y delicado dúo de guitarristas, investigadores del “Delta Blues” y el “Memphis Blues” del sureste estadounidense— se complementan a la perfección y abordan el blues como si fuera una música propia. No solo acompañan la voz honda y llena de registros de Cova Villegas, sino que también ponen su voz a algunos poemas, logrando entre los tres versiones desgarradas y memorables.

Durante una hora el público disfrutó de un concierto cargado de emoción, y en la penumbra del salón de actos algunas pieles como la mía se erizaron, mientras una tristeza melancólica y rebelde se posaba en los corazones. Al salir a las calles vacías, ya de noche, alguien seguía tarareando bajito que el mundo es grande… / dentro de una casa —el mundo es grande— / no es bueno que haya tanto sufrimiento…”

23:00 h Palacio del Conde Luna
Viaje a lo remoto. NEØNYMUS

En el escenario, unos candelabros con las velas encendidas, un tronco seco que se rescató de un barranco y unos ingenios electrónicos anuncian que, en torno a esa sencilla escenografía de revestimientos antiguos, se armonizará el instrumento de música más viejo del mundo ―la voz― con las más modernas tecnologías.

Descalzo, con ropa holgada monocromática que parece provenir de un antiguo telar y una barba de apóstol pintado en el Barroco, tiene Silberius de Ura un aire a anacoreta. Bien pudiera ser un estilita que descendiera de su columna para destapar los sonidos que inundan su cabeza allá en atalaya corintia.

Silberius le gusta conversar con el público, reseñar retazos de biografía, alumbrar el origen de sus composiciones, ubicarnos en las épocas pasadas que las avivan, hablarnos de los idiomas inventados en los que escribe unas letras indescifrables que al musicarlas se empapan de sentidos. Con humor y calidez, enarbola el imaginario de una era primitiva.

Las piezas llegan como el soplido que ulula en los recovecos de una cueva o como los rumores del corazón de un bosque envuelto en la bruma. Todo nace en vivo. Los aparatos electrónicos graban lo recién creado; la percusión de unos huesos sobre el tronco de madera, un silbido de un viento lejano simulado por unos labios prietos, las primeras estrofas entonadas, todo ello se suma y se repite hasta erigir una polifonía de sonidos que envuelven al oyente y conquista el auditorio. Alguien que careciera de visión del escenario podría pensar que sobre las tablas se concentra una nutrida banda. Un solitario creador se basta para tejer un complejo muro, dúctil y subyugante, de voces y armonías.

Algunas de sus canciones sugieren paisajes de tundra de hielos quebradizos, de derrumbe de lengua de glaciar, de tormenta en angostos fiordos; otras apuntan al crepitar de la hoguera que prendía el hombre de las cavernas, a la celebración profana de una cacería, a los primeros gritos del ser racional que quiso comprender la condición humana; alguna suena a tañido de piedra en páramo de gélidas noches, al cántico que quebraría el silencio en un vasto territorio despoblado de horizontes inabarcables, a aullido incontenible que violentara las paredes de un monasterio. Todas ellas evocan rumores de tierra, aire y fuego, y sobre estos elementos se eleva la voz, melódica y profunda, del hombre en trascendente diálogo con los misterios del mundo y la naturaleza.

1:00 h UAW/MF
Las sesiones de Pi. ILDEFONSO RODRÍGUEZ y RUBÉN DÍAZ

El saxofón suena mejor pasada la medianoche. Hay versos que parecen necesitar ser pronunciados cuando se doblega al sueño. Y hay lugares, como el local de Pi, que nacen como fábricas de emociones e ideas.

Ildefonso Rodríguez tiene un saxofón con baño de plata, Rubén Díaz de oro. De estos dos saxos tenores solo cabe esperar lo inesperado. Ninguno sabrá a ciencia cierta qué caminos tomarán las notas que emergen de sus pulmones, o las que descarga el theremín que toca con mano diestra Idelfonso. La partitura solo marca la hoja de ruta por la que abandonarse, dejarse llevar, perderse y, más tarde, asistir al prodigio de reencontrarse en el tempo justo.

“Sin orden ni concierto, las cosas nos vienen sin propósito ni causa”, nos dice Ildefonso.

Los versos de Ildefonso distan de ser un contrapunto. Las palabras tienen vida propia y, a su vez, se engarzan con la música enriqueciendo las lecturas de ambas hasta conformar una misma composición. Para relatar lo sucedido, hurto imágenes y palabras acerca de la música robadas del poemario de Ildefonso Rodríguez Inestables, intermedios: “Un tocar errático. Improvisación guiada por la ocurrencia, el aguijón del momento, la tentativa. Sin premeditación (esto es lo fácil, esto es alivio)”, “Unas veces más abstracto, otras veces más figurativo. O así”, “Imágenes eidéticas, músicas en espiral: Yo no toco progresiones (de acordes), yo toco remolinos, suelo decir”. Concordarán conmigo en que nada que mejore lo anterior puedo añadir.

El oyente percibe más armonía de la que se presume en estos “fraseos merodeantes” en los que la música se espejea en las volutas de humo de un cigarrillo, en trémulo papel de fumar en día ventoso. Improvisa quien puede, no quien quiere. Es un don. Por las venas de ambos fluye un caudal de música.

SÁBADO 29 DE OCTUBRE
13:30 h Mercado del Conde Luna
Sin Título. BELZOG

Un puesto en el mercado del Conde Luna. Un carnicero vocea las bondades de sus productos de casquería: mollejas de verso, poesías para parrilla, costillas de antología. En los mostradores se apilan los libros. Algún temerario cliente se arriesga a pedir cuarto y mitad de pareados. Cuchillo en mano, Genzo P., el alto y bien ataviado carnicero, filetea unas rimas y cumple con el encargo. Muy pronto se reúnen los habituales del mercado atraídos por la ofertas, a tanto el kilo, de poemarios de temporada. Algunos se interesan por los versos deshuesados, que dan más sabor a los caldos. Otros, quizá apenados, se inclinan por los versos para divorcios, y piden de kilo en kilo. Todo vale para que la poesía llegue a la rutina y a los espacios cotidianos.

Bajo el soportal de la puerta del mercado, el dúo portugués Bezbog comienza su sesión de experimentación sonora. Ruidos industriales, rugidos de máquinas, chispazos eléctricos, reverberaciones metálicas, tenso martilleo, latidos convulsos, timbres palpitantes, vértigo en las notas, sonidos en fuga, atmósferas turbadoras, vibraciones que quedan suspendidas en el aire.

Habían creado para Urogallo una pieza en la que la palabra sería nota dominante. Al concebir, semanas atrás, el recital que darían con el motivo de la poesía expandida, pensaron en capturar palabras pronunciadas en tiempo presente. Las tomarían de la radio, girando aleatoriamente el dial. En aquel momento de concepción, no podían adivinar que se detuviera donde se detuviera el dial alguien estaría hablando de la sesión de investidura. Esas frases cortas se entremezclaron con la caótica espiral de sonidos apocalípticos creados por sus manos. Nunca hubo un afán de metáfora ligada a la actualidad. Pero a veces, la metáfora llega sin querer. Al igual que otros hacen con su voto, ellos solo querían sintonizar, pero la realidad escupió interferencias.

17:00 h Auditorio Ciudad de León [sala polivalente]
Ornette, pastel de pájaro. PELAYO ARRIZABALAGA y VÍCTOR M. DÍEZ

Ornette Coleman, neoyorquino, se le conoce como uno de los impulsores del free jazz. Campos de ruidos, improvisación, impulsos de energía, polirritmia.

Hay resonancias del free jazz en la escritura heterodoxa y libérrima de Víctor M. Díez. También, en su voz, esta con sus pausas, sus cambios de ritmo, su zigzagueo, su arrebatadora musicalidad. Una lectura deVíctor M. Díez siempre es una celebración. Hoy se apoya en diversos cachivaches: un tubo flexible, papel de plata, molinillo, chiflos, megáfono, timbres. Al inicio, su voz surge de espesuras urbanas.

“El cerebro es una conversación”, nos dice Víctor que leyó Coleman en un libro sobre el funcionamiento de la mente.

Puede que también Ornette, pastel de pájaro sea el reflejo de una conversación. La que el poeta mantiene consigo mismo, con Ornette Coleman ―fuente de un versificado homenaje―, con Pelayo Arrizabalaga, con la literatura, con el público. A diferencia de un discurso o un recital, la conversación sucumbe a sinuosos quebrantos, a insospechados giros que son señas de vivacidad. Olvídense de jerarquías entre verso, ruido y música, de ataduras en la composición, de rigidez en formas o estilo: todo estallará en pedazos. Hay revoloteo de ideas, festines de imágenes, aleteo de palabras que vuelan libres de una imaginativa idea a otra, intercambio de golpes verbales que arrinconan al espectador contra las cuerdas.

Formando parte de todo esto, la arriesgada apuesta, casi de alquimia, de Pelayo Arrizabalaga. Todo un ejercicio de experimentación sonora. Juega con multitud de vinilos, los manipula para lograr efectos inusitados, altera la velocidad, aúna y entrevera los tres platos donde se reproducen los vinilos.

Si ya es difícil hablar de la música, más lo es cuando uno no encuentra un modelo o ejemplo con el que pueda identificarse tan singular experiencia. Se reconoce un gran mérito artístico cuando una obra te descoloca, te deja perplejo, te confunde, te arrastra hacia territorios de voluptuosidad y belleza.

19:00 h Auditorio Ángel Barja [Conservatorio de León]
Diario de ladras, bailarinas, asasinas y flores. CINTAADHESIVA

Pueden verse en Internet vídeos de Cintaadhesiva. Coquetean con la vanguardia en música e imágenes. Había curiosidad por ver cómo se traslada a los conciertos en directo esas elaboradas sumas de disciplinas artísticas.

Silvia Penas, poeta, y Jesús Andrés Tejada, músico, son Cintaadhesiva. Hacen su entrada en escena en la oscuridad. Él va enmascarado, como si fuera un luchador mejicano. Ella tiene una presencia imponente sobre el escenario, con una estética que recuerda a Nina Hagen y a otros iconos del post punk. La iluminación y la escenografía nos hace creer que estemos en el Berlín más alternativo de finales del los ochenta. Pero cuando comienza a sonar la guitarra sabemos que estamos ante los nuevos giros que toma el rock al incorporar la música electrónica. Silvia se planta ante el micrófono y comienza a susurrar la canción Blue Velvet, canción ―y debilidad― que muchos asociaremos para siempre al universo de David Lynch. Y es coherente con todo lo que vendrá después, porque el concierto crece sumido en un opresor halo onírico y turbador. Silvia tiene la poderosa presencia de las mujeres de mentón alzado, pecho henchido y tacones altos que parecen encararse con el mundo para decirles que allí están ellas.

Silvia canta o recita, recita o canta, tal vez las dos cosas, tal vez ninguna de ellas por separado; nos falta una socorrida etiqueta para describir lo que hace. El reciente debate motivado por la concesión del prenio Nobel a Bob Dylan se torna aquí estéril. Son poemas, son canciones, son versos, es música: todo es uno y nada predomina sobre lo otro. La costumbre y la comodidad del pensamiento nos pide marcar una frontera entre ambos campos, pero Cintaadhesiva transgrede las convenciones y desdibuja las barreras.

Cristina Samaniego en El Albéitar. Foto: E. Otero.

Cristina Samaniego en El Albéitar. Foto: E. Otero.

21:00 h Teatro El Albéitar
Retratos de silencio. CRISTINA SAMANIEGO

Sobre las tablas del teatro de El Albéitar, una maleta cerrada y una mujer descalza sumida en sus pensamientos sentada en una silla. Nada más; todo austero, desnudo. La mujer se incorpora muy despacio y, con movimientos cercanos a los de la danza contemporánea, ronda la maleta sin llegar a abrirla. Uno sospecha que asistirá a otra de esas funciones de escasa narrativa y contenido críptico cuyo desarrollo supone un nuevo encuentro con la lentitud.

Nada de lo anterior sucede. Retratos de silencio es una obra enérgica, trepidante, sorpresiva, divertida a ratos, dinámica, viva.

De frente, asomada al patio de butacas, Cristina se dirige al público. Nos habla de una sola cosa: de ella misma, del teatro, de su cuerpo, de la interpretación, de la danza, de sus manos, de tragedias griegas, de su voz, de lo que acontece sobre un escenario, de ella misma. Y he dicho bien, porque para esta fascinante creadora, vida, oficio y obra conforman un todo indivisible.

La maleta será el eje sobre el que transita la escaleta narrativa. Cada prenda, cada elemento de vestuario, se refiere a una etapa de aprendizaje. Así se revela que su formación como actriz va en paralelo a su evolución como persona. El trabajar sobre cómo dominar la voz, cómo vocalizar en lenguas en desuso o cómo expresarse con todas las partes del cuerpo lleva acompasado un alumbramiento de aspectos que desconocía sobre sí misma. Forjar una personalidad sobre las tablas es indisoluble de forjar, al mismo tiempo, una entidad. En la representación, bosqueja su biografía a través de un profundo y, para ella, extenuante recorrido por diversas etapas de acceso al conocimiento que tienen por columna los distintos papeles a los que se enfrentó al entregarse al arte de la dramaturgia.

“¿Qué queda de lo que se dice en un escenario?”, se pregunta y nos pregunta Cristina Samaniego en pasaje próximo a la caída del telón. Para los espectadores de Retratos de silencio, queda el poso de haber asistido a una obra que rezuma pasión, talento y sabiduría acerca de con cuánta intensidad hay que vivir las pulsiones que uno ame en la vida.

23:30 h Glam Theatre
Crónicas de una revolución. PERVERTIDOS ELEGANTES

En la noche del sábado ocurrió, por un lado, que muchos entraron por primera vez a el Glam y, por otro, que otros muchos vieron por primera vez un concierto de Pervertidos elegantes y supieron así de su existencia.

En las primeras filas se agolpaban incondicionales y seguidores del grupo. Daban botes, alzaban los brazos, cantaban las letras. Que la convocatoria venga bajo el título de Crónicas de una revolución nos orienta acerca de su contenido. Pervertidos elegantes está en lucha. Sus versos son como puñetazos, sus canciones aspiran a ser bombas que dinamiten estructuras sociales. Denuncia, agitación, activismo político, provocación, destellos de disidencia. El rap, el hip hop, la mixturas de estilos y músicas son los campos de la creación en los que se desata la rabia de su descontento.

13:30 h Templete de música de La Condesa
Ex-Máquina XMQ. MAREVA MAYO y EX-MÁQUINA

Un soleado y cálido mediodía de domingo de noviembre. Un paseo arbolado con castaños que corre parejo al río. Niños con patines, parejas, jóvenes en bicicleta, paseantes tranquilos. Sosiego y paz. Otro día apacible en el orden que reina en el primer mundo.

En el centro del templete, irrumpe la voz de Mareva Mayo. Y eso voz nos recuerda el dolor, la opresión, el caos o las mentiras.

La banda ExMáquina acompaña a la poeta, tanto cuando recita como en las pausas. Son Mónica Jorquera, Guillermo Alonso, Daniel James Spencer y Genzo P. Su música se ensambla con las palabras; crean una distorsión apropiada, un clima inquietante, un rumor de desasosiego.

Mareva Mayo recita con una fuerza descomunal. Alza la voz hasta quemarse la garganta, como si ardieran los versos que lleva dentro y tuviera que expulsarlos. Una lava candente parece recorrer su espina dorsal. Lo suyo va más allá de una vocación; la poesía en ella es aliento vital, razón de ser, único modo de reconocerse. Su obra parece regirse por un mandato propio: desenmascarar trampas y falsedades que hacen tolerable la existencia. Su escritura es puñal que desgarra los cobijos en los que nos sentimos a salvo. Una verdad dolorosa es preferible a un escudo de compuesto de señuelos y argucias. Rasga las superficies de los convencionalismos para mostrarnos sus sucias entrañas. Zarandea al oyente, le conmina a que avive preguntas olvidadas, cuestiona los pilares de la sociedad, prende las heridas. Donde la mayoría descubre un refugio, ella vislumbra intemperie. Duda y nos hace dudar. Desde los abismos de su mundo personal, obliga a mirarse hacia lo más recóndito de uno mismo. Una voz singularísima. Un grito angustioso y necesario.

Cuando se apaga la voz y la música, llega el final de Urogallo. También, el de Ollagoru, conjunto de actividades alternativas que llenaban los exiguos minutos libres que dejaba la copiosa programación oficial. No es mi tarea reseñar lo que allí ocurrió, pero no me resisto a dejar constancia del lamento por no poder hablarles de las lecturas en Sto. Martino de Andrea Soto (Andrea, omnipresente Andrea, extraordinaria e imaginativa maestra de ceremonias de todo lo que vivimos), de una acción de geo poesía de la mano de Alba González, de un taller de improvisación en Bar Belmondo guiado por Manuel Ao, de los maquillajes de Rakel Álvaro, del programa con el que nos guiábamos (obra de Eduardo Fandiño), de la labor impulsora de Carlos Ordás, del alivio de encontrarme al otro lado con José Luis González “el Canario”, del trabajo de los voluntarios, del esfuerzo, en suma, de todo el equipo de Producciones Infames, cuyos nombres pueden encontrarse en Tam Tam Press.

Nada de esto tendría sentido sin el público: se hace por ellos, y son ellos los que hacen posible que todo esto suceda.

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As crebas » Poema (XCIII): «En días de inverno, …», de Fran Cortegoso

Origen: As crebas » Poema (XCIII): «En días de inverno, …», de Fran Cortegoso

Poema (XCIII): «En días de inverno, …», de Fran Cortegoso

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En días de inverno, o ar calmo,
con gratitude ofrece instantes de vida
sentada na soleira que da súa casa para o sur
se estende.
En igual grao presta
unha actitude a falar de como
as súas pernas curtas, grosas e apertadas
en medias de algodón e unhas botas pretas,
se resenten e calma cada noite coas mans
aínda que, a modo da pel que suxeita o lóbulo,
parezan desprovistas de tacto e a inmediata excitación capilar.
E o grao que amosa é desposesión.
Esquece a cor azul desde o fondo da súa ollada.
Só iso parece velar para si, a permanencia.
Continúa cun aceno do rosto
mentres os tres dedos que centran a man dereita
sinalan unha liña de sangue callado
no dorso doutro estremo.
Contra a palma debuxa xestos como un principio de escrita.
Nos finais días da estación.
Mañá vereina no mesmo lugar.
Falarame das mans, das pernas, das súas botas.
Tamén me falará do almorzo e da cea.
Falarame do seu día. Do sol que centra o seu lugar.
Sentada na cadeira co seu tempo
e o sol que vindo do ollo a ocupa
con todo o real que a estrema.

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francortegoso

Aínda conmocionado, malia non termos trato persoal, pola triste nove da morte temperá do poeta Fran Cortegoso, a quen a enfermidade lle roubou a posibilidade de ollar as páxinas impresas do que vai ser a súa segunda obra poética, Suicidas. Así recolleu a triste nova a libraría e editorial Chan da Pólvora:

«O noso amigo Francisco Cortegoso (Frank Euner) faleceu hoxe na súa casa de Bora (Pontevedra), aos 31 anos, logo de meses de loita contra a enfermidade que o levou.

Nas últimas semanas aínda gardou ánimos para lle poñer o ramo ao libro Suicidas, que finalmente chegou hoxe ás librarías. Anton Lopo, Manolo Martínez e Gonzalo Hermo traballaron arreo para que Fran o puidese ver publicado.

Hoxe é un día de inmensa tristura para as persoas que formamos o equipo da Chan da Pólvora.

Vaian as nosas condolencias e o noso amor para a súa familia, os seus amigos e toda a xente que o quere. — con Frank Euner».

Lembro que o amigo e poeta Eduardo Estévez, coordinador do premio de poesía Pérez Parallé, xa me tiña falado da potencia do seu estro poético e xa o puiden comprobar cando seu publicou o seu libro gañador do XXVI Premio Nacional de Poesía Xosemaría Pérez Parallé, intitulado Memorial e danza, (Espiral Maior, 2014) e que recibín asinado (imaxe superior), como nos chegan todos os libros a quen somos subscritores da colección de poesía Espiral Maior, que dirixe Miguel Anxo Fernán-Vello.

Dos poemas de Fran Cortegoso, a xeito de homenaxe, rescato o texto sen título que abre o libro e que a min persoalmente é o que máis me aprace e que se pode escoitar na súa propia voz no video do lanzamento do libro. E que a terra che sexa leve, camarada da Palabra!

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VOCES DEL EXTREMO: 3 poemas de ANARQUISTA O NADA de CLAUDIO RODRÍGUEZ FER

Origen: VOCES DEL EXTREMO: 3 poemas de ANARQUISTA O NADA de CLAUDIO RODRÍGUEZ FER

3 poemas de ANARQUISTA O NADA de CLAUDIO RODRÍGUEZ FER




ANARQUISTAS

Extraños extranjeros

que viven y no se ven.

(De Viaxes a ti, Lugo, Augatinta, 2004)

 

NI DIOS NI AMO

cette parole de prophète,

je la revendique et vous souhaite

ni dieu ni maître

Léo Ferré, “Ni dieu ni maître”

La inmensidad siempre

sin dios ni amo.

El aire, la tierra, el mar,

sin dios ni amo.

El tigre de Bengala,

sin dios ni amo.

Las ideas, el libre pensamiento,

sin dios ni amo.

Proudhon, Bakunin, Kropotkin,

sin dios ni amo.

La pasión, el amor, el sexo,

sin dios ni amo.

Emma Goldman,

sin dios ni amo.

Vindicación proletaria,

sin dios ni amo.

Buenaventura Durruti,

sin dios ni amo.

Insumisión a la tiranía,

sin dios ni amo.

Salvador Puig-Antich,

sin dios ni amo.

Educación libertaria,

sin dios ni amo.

Ferrer i Guàrdia,

sin dios ni amo.

Liberación del individuo,

sin dios ni amo.

Ricardo Mella,

sin dios ni amo.

Respirar el aire libre hasta lo más hondo del fondo

sin dios ni amo.

Porque cuando el poder es el obstáculo,

anarquía.

Porque cuando el poder es el obstáculo para lograr la máxima expresión del orden,

anarquía.

Porque cuando el poder es el obstáculo para lograr la máxima expresión del orden existe una palabra:

anarquía.

Porque cuando el poder es el obstáculo para lograr la máxima expresión del orden existe una palabra sin dios ni amo:

anarquía.

Libertades, justicias,

sin dios ni amo…

Amores, deseos,

sin dios ni amo…

Poesía siempre solo

sin dios ni amo…

Y cuando la poesía se hace música,

anarquía.

Tiene un lagarto pintado,

anarquía.

No soy de aquí ni soy de allá,

anarquía.

Quiero verte danzar,

anarquía.

Toma un camino salvaje,

anarquía.

Libre te quiero, pero no mía,

anarquía.

Después de que yo haga ¡TILT! y esto haga ¡BOING!

anarquía.

Con su cara de Marilyn,

anarquía.

Oh nena, eres tan viciosa,

anarquía.

Y el lagarto mueve el rabo,

anarquía.

Porque te amo

sin dios ni amo.

La intensidad siempre

sin dios ni amo.

Sin dios ni amo

ni dios ni amo.

Ni dios ni amo,

ni diosa ni ama,

ni sucedáneos.

 

TE AMO, ANARQUISTA

En homenaje a las mujeres libertarias asesinadas en Galicia desde julio de 1936.

A Sebastiana Vitales Gascón, anarquista perseguida y exiliada.

A los historiadores Dionisio Pereira, Eliseo Fernández y Emilio Grandío Seoane.

Con asombro creían a veces

que existiría

la utopía libertaria

y a veces creían que no,

con más asombro todavía…

Era entonces la Galicia anarquista

unas cuantas viviendas obreras

como amapolas muy abiertas

en los barrios proletarios de las Atochas,

una choza clandestina en Cea

sobre las raíces del helecho dentabrón,

unas humildes moradas campesinas

con líquenes de Badiña o de Marselle,

donde no había mucho que comer,

pero tampoco poder.

Era la Galicia corsaria sin estado,

ni dios ni amo de dentro ni de fuera,

luz y vida por Elviña y por Monelos,

resplandores sobre el abismo por la Silva,

ateneos en los Castros y en las Quintas

despertares al final de las corveras,

resplandores más allá de la aurora sueva,

lecciones contra poder y servidumbre

libres de imaginar lo que se quiera,

libres para hacer lo que se piensa.

Porque no nos dejan cruzar los arroyos

cruzaremos los océanos, pensaban.

No pudo tener esperanza sin miedo

ni miedo sin esperanza María Bello Paz,

empacando pescado en el puerto de A Coruña

hasta la hora en que los poderes de julio

batieron resistencias de mujeres

como merluzas que leyesen a Spinoza

donde yo te amo anarquista o muerte.

Porque no nos dejan cruzar los ríos

cruzaremos los mares, está claro.

Así quizá pensaba Teresa Varela Calviño,

sindicando sardinas en el puerto de A Coruña

hasta ser baleada por el plomo de octubre,

la revolución en la cesta y la cesta en la cabeza

y el pescado despiezado, eviscerado y empacado

por las manos nunca inertes de la proletaria muerta,

pues en las fosas comunes anarquista te amo.

Porque no nos dejan cruzar en barco

cruzaremos en latas de sardinas.

Casas de María Otero y de Alicia Dorado,

refugios coruñeses de las Atochas,

Atocha Alta, Atocha Baja, Monte Alto,

atochas en las alpargatas abatidas a balazos,

viudas rojas de marineros sin mar,

presagios de panaderos sin pan,

abismos de albañiles sin andamios,

el pasado dulcemente sellado con estampilla

de caucho y tinta azul,

el presente huyendo clandestino,

el futuro purgado amargamente

y amargamente abortado con aguardiente alemán.

Morada de María de Allariz, Atocha Alta,

treinta y tres años y muerta con tres más,

sin contar niños heridos en la masacre,

cantando la Internacional a voz en grito

como quien entra en el infierno proclamando

utopías contra la angustia del fascismo.

Porque las crónicas no fueron escritas

con tinta, sino con el hilo de las costureras

y la verdad en la punta de una aguja.

Allí fue la última vez que se vivió la vida

iluminando la lucha con tanta libertad,

pues te amo y anarquista, última luz y puente.

Buhardilla de Alicia en Villa Rosalía,

Calle del Carmen y veinticinco años,

preguntó quizá Fournarakis a Acebedo,

poco antes de morir los dos a tiros:

– ¿Sabes que el nombre de tu compañera

significa la verdad en lengua griega?

– El nombre de la compañera significa la verdad

en todos los idiomas del mundo, contestó.

– Pues la verdad va a morir pronto,

terció Alicia, y los tres más otro

fenecieron acribillados ante la última verdad,

y te amo allí anarquista iluminando a los libres.

Se exterminan los sueños en el Portiño

como la niebla sin luces hacia los fondos.

Los cuerpos estrellados contra las rocas

en mares con resaca son rubíes.

La delación bivalva, la caza del crustáceo,

la tortura de la rata, la condena de la gaviota.

Percebes de los abismos en vanguardia,

mariscos proletarios en la gran nasa.

Del mono de los obreros ahogados

destiñó el azul del mar contra los cantiles.

Marineros sin chalanas ni botes,

pescadores sin pesqueros de esperanza.

Luego fusilamientos de las algas y las lapas,

sardinas empacadas en latas comunes.

Allí la supervivencia era solamente

llegar a la taberna de Chinta Canosa,

en la Moura, hasta beber la muerte.

Les cerraron la puerta de los océanos,

pero abrieron el Portiño a la libertad.

Redada al pie del premonitorio Matadero:

asalto a tiros infiltrándose por las espirales

sinuosas de la delación en las sombras.

Al fin torturados, paseados, fusilados,

Brazo y Cerebro, Espartaco, Nervio,

Sin Dios ni Patria, Ni Dios ni Fronteras,

portugueses del grupo Inadaptables,

Germinal, Ideal, Intransigentes,

CNT, FAI, ninguno de ellos creería nunca

que Durruti había muerto ya en el Ritz.

Así se perecía en la Coruña libertaria

desde 1936, fecha del último Medulio.

Porque no nos dejan cruzar la calle real

cruzaremos la ciudad imaginada.

Pilar Fernández Seijas, metalúrgica,

alambrera en la Empresa Vasco-Galaica

y quemada con tres más cual brasa viva

en una cabaña con tierra por pared

y techo de retama en Cea enramada,

y te amo anarquista y arde Arousa.

Porque no nos dejan cruzar el campo raso

cruzaremos los montes más en cumbre.

Josefa Barreiro de Trabanca, madre humilde,

limpiaba casas, laboraba la humilde tierra madre

en Badiña de Carril, ocultaba a un anarquista

en su mínima moradita inmensa

como campo comunal, y fue martirizada,

y te amo anarquista y a tu huérfana estirpe.

Porque no nos dejan cruzar libres la Tierra

cruzaremos libérrimos la Luna.

Carolina Regueiras, veinticuatro años,

natural de Bóveda de Amoeiro,

mujer de un libertario y enamorada,

supliciada en Ponte Irixa por la bestia

y tirada en Tamallancos por la estrada

y te amo anarquista hasta la cuneta.

Porque no nos dejan cruzar con su horror

cruzaremos solamente con amores.

María Becerra Laíño, estaño solidario,

ocultó en su vivienda de Marselle

a un minero anarquista de Lousame

y fue asesinada como la luz del carburo,

testigo del contrabando y del volframio,

y te amo anarquista mineral en bruto.

Porque no nos dejan cruzar las minas

cruzaremos las estrellas.

Dolores Blanco Montes, mal paseada,

la voz de las conserveras y atadoras del Morrazo,

vindicadora de Aldán, de Cangas y de Hío,

herida en el suplicio y huida por los montes

con un hijo asesinado, otro en exilio,

y te amo en la cárcel donde anarquista sufres.

Porque no nos dejan cruzar las carreteras

cruzaremos en Mogor los laberintos.

Nos ocultaron a las mujeres más libres

y, no obstante, lo habían sido hasta el fin.

Dicen que algunas murieron por amor

a los anarquistas que escondían,

lo que es morir también mujer y ácrata.

Las borraron de la historia y pese a todo

setenta años después hay quien las ama.

Sardinas para ellas y una libra de cerezas

rojas como su primavera libertaria

y para siempre te amo anarquista o nada.

(De Ámote vermella, Vigo, Xerais, 2009)


Claudio Rodríguez Fer. Anarquista o nada. Ed. Amargord, 2016
Composición pictorica de Matilde Granado Belvis

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“Nadie escucha a nadie escucha a nadie”. Joyce Mansour 

“LOS POEMAS COLGADOS” es una sección de poesía antológica, con textos de poetas muertos escogidos por Ildefonso Rodríguez y Eloísa Otero. El sexto autor que llega a esta sección es la poeta surreal…

Origen: “Nadie escucha a nadie escucha a nadie”. Joyce Mansour | Tam-Tam Press

“Nadie escucha a nadie escucha a nadie”. Joyce Mansour | Tam-Tam Press

NADIE ESCUCHA A NADIE ESCUCHA A NADIE

 15 de junio de 2016 “LOS POEMAS COLGADOS”

Joyce Mansour (1928-1986)

Joyce Mansour (1928-1986)

Continuamos en TAM TAM PRESS con la sección de poesía antológica, denominada “LOS POEMAS COLGADOS” *, con textos de poetas muertos escogidos por Ildefonso Rodríguez y Eloísa Otero. El sexto autor que llega a esta sección es la poeta surrealista de origen egipcio y expresión francesa Joyce Mansour (Inglaterra, 1928-París, 1986). Amiga cercana de André Breton, colaboró en “Le surréalisme, même” y en el catálogo de la Exposición Surrealista de 1959-1960. Es una de las voces femeninas más decisivas de la poesía francesa, marcada por un erotismo sombrío, corroído por el humor. Su toma de partido por “la vida inmediata” se revela también en su carrera deportiva: fue especialista en salto de altura y campeona de carreras contra reloj. Su poesía fue ilustrada por pintores como Matta, Lam, Jorge Camacho, Alechinsky… Para la ocasión hemos escogido dos poemas, “La irrupción del bárbaro” y “Nadie escucha a nadie escucha a nadie”, traducidos por Ildefonso Rodríguez.

Joyce Mansour (1928-1986)

Joyce Mansour (1928-1986)

LA IRRUPCIÓN DEL BÁRBARO

Presiento mi muerte próxima

Aquí en el sofá sembrado de píldoras

Entre la leña seca

Y la consola vanidosa con florones muy dorados

Tu pulgar atravesará la película

Acosará al fugitivo con su pelliza almizclada tensa de carne rosa

Sé que acabaré llorando antes de que termine la cena

No quiero despertarme sola en el sofá

Perdida

* * *

NADIE ESCUCHA A NADIE ESCUCHA A NADIE

Fulgurantes caballos salvajes de Europa

Caos de miembros rotos

Paredes movedizas

Soles

Adoquines sangrientos que lanzan manos ciegas

En la mayonesa

En el lodo

En la cloaca familiarmente abierta de par en par

En todo lo que se nombra y no se atreve a mostrarse

Dentro de mí tirita el árabe a cada peldaño de carne

Sumisa

Capaz de esperar mucho tiempo la triste arboladura prometida

Saludad oh amigos míos a la muerte sus huidas sus fusiones

Sólo para ella casi no hay zonas prohibidas

En la hoguera del amor pasión

Después

Cuando llega la noche

La noche la noche la tormenta

Vuelvo a mi juventud

El fósforo desenfrenado

El calor bestial

Las olas de la venganza permitida

La arena

El bostezo de la noche frágil

El éter

A la hora en que París se enciende

El animal libre corre aún bajo nuestros faros

El alma deliciosa

Allá en la carretera sexo sutil del desierto

La hermosa manzana velada ya no vomita su gusano

Claro de luna

Soy judía es verdad

Puedo aprender la libertad en la calle

Donde la infamia se pavonea

Maldigo en mí a la mujer que acepta

El rostro triangular del candado

Silencio

Escupo sobre los que escuchan

Detrás de sus pupilas nítidas

Sus braguetas pisadas por demasiados cerebros chiflados

Sus puertas suciamente cerradas

Nomenclatura de la pesadilla

Una única gota de orina en la acera

Se alargan todos los hocicos

— — — 

* “LOS POEMAS COLGADOS”

NOTA de Eloísa Otero e Ildefonso Rodríguez: Esta sección quiere ser una Miniantología (que puede alargarse hasta donde nos den las fuerzas y las ganas). Un doble criterio nos guiará: El primero, serán poemas que los autores no podrían colgar por sí mismos, por ser ya de aquellos que Joyce sin más llamó fantasmas (“… alguien que se ha desvanecido hasta ser impalpable, por muerte, por ausencia, por cambio de costumbres”). O por decirlo con Quevedo, en nuestra Miniantología viviremos “en conversación con los difuntos”. Y segundo: nuestros propios gustos, que ojalá sepan recoger el hermoso Babel de lenguas de la poesía, la Gran Republicana.

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HISTORIA DE LAS MATANZAS MASIVAS EN EE.UU. CUANDO NO EXISTÍA EL ISIS, PERO SÍ EL FBI Y LA CIA

Entrada de fotos.

Origen: HISTORIA DE LAS MATANZAS MASIVAS EN EE.UU. CUANDO NO EXISTÍA EL ISIS, PERO SÍ EL FBI Y LA CIA

 

NÓTESE EL ESPECTACULAR AUMENTO DE LAS MATANZAS DE TODO TIPO, QUE ALCANZAN EN LAS ÚLTIMAS DÉCADAS CARACTERES DE EPIDEMIA NACIONAL. LOS ESTADOUNIDENSES HAN VOTADO EN MAYORÍA QUE SEA LEGAL LA COMPRA Y POSESIÓN DE ARMAS DE FUEGO, TAN SOFISTICADAS COMO EL RIFLE QUE PORTABA OMAN MATEEN. LA MUERTE A BALAZOS ES UNA DE LAS MÁS HABITUALES EN LA TIERRA DEL TERROR, QUE OTROS HIPÓCRITAS E INCAUTOS LLAMAN "DE LA LIBERTAD"

CLIQUEANDO EN LA IMAGEN AUMENTARÁS EL TAMAÑO DE LA IMAGEN. NÓTESE EL ESPECTACULAR AUMENTO DE LAS MATANZAS DE TODO TIPO, QUE ALCANZAN EN LAS ÚLTIMAS DÉCADAS CARACTERES DE EPIDEMIA NACIONAL. LOS ESTADOUNIDENSES HAN VOTADO EN MAYORÍA QUE SEA LEGAL LA COMPRA Y POSESIÓN DE ARMAS DE FUEGO, TAN SOFISTICADAS COMO EL RIFLE QUE PORTABA OMAN MATEEN. LA MUERTE A BALAZOS ES UNA DE LAS MÁS HABITUALES EN LA TIERRA DEL TERROR, QUE OTROS

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Canción en harapos. Por Silvio Rodríguez

 

Que fácil es agitar un pañuelo a la tropa solar
Del manifiesto marxista y la historia del hambre
Que fácil es suspirar ante el gesto del hombre
Que cumple un deber
Y regalarle ropitas a la pobrecita
Hija del chofer
Que fácil de enmascarar sale la oportunidad.
Que fácil es engañar al que no sabe leer
Cuántos colores, cuántas facetas tiene el pequeño burgués.
Que fácil es trascender con fama de original
Pero se sabe que entre los ciegos el tuerto suele mandar
Que fácil de apuntalar sale la vieja moral
Que se disfraza de barricada
De los que nunca tuvieron nada
Qué bien prepara su máscara el pequeño burgués.
Viva el harapo señor
Y la mesa sin mantel
Viva el que huela a callejuela
A palabrota y taller.
Desde una mesa repleta cualquiera decide aplaudir
La caravana en harapos de todos los pobres
Desde un mantel importado y un vino añejado
Se lucha muy bien
Desde una mesa gigante y un auto elegante
Se sufre también
En un amable festín se suele ver combatir.
Si fácil es abusar más fácil es condenar
Y hacer papeles para la historia para que te haga un lugar.
Que fácil es protestar por la bomba que cayó
A mil kilómetros del ropero y del refrigerador
Que fácil es escribir algo que invite a la acción
Contra tiranos, contra asesinos
Contra la cruz o el poder divino
Siempre al alcance de la vidriera y el comedor.
Viva el harapo señor
Y la mesa sin mantel
Viva el que huela a callejuela
A palabrota y taller.

Origen: Canción en harapos. Por Silvio Rodríguez

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