>LOBO ANTUNES: bienvenida tu lucida y encendida melancolia

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Soy todavía en el placer que siento al andar por el bordillo de la acera, al saltar a la pídola sobre el puf de la sala. Soy ya al pensar, cuando me invade la funesta sensación de para qué y me quedo en el sofá rumiando melancolías difusas y sumándome las canas con odio.

Si los ancianos ya han sido, los niños todavía no son. A veces hay alguien que no es ni una cosa ni la otra. O que es las dos a la vez”.

Su palabra te despierta, vibra en tu interior, te hace ver que lo más común es también lo más hermoso. Triste a veces como la vida pero es una tristeza bella porque sus palabras lo son. “No quiero divertirlos, no quiero divertirme, quiero lo que reside en el interior de lo interior, donde están las personas y nosotros con ellas, transformar en letras lo que no tiene letra alguna”.

De EDGAR; MI AMOR:

—No me dejes sola, no te marches, Edgar
y tú bajando la calle camino de la parada del autobús, tú encorbado como si cargaras el mundo entero sobre los hombros, y yo desde la terraza
—Edgar
y ni siquiera te diste la vuelta, ni siquiera adios, ni siquiera una sonrisa, ni siquiera una llamada de teléfono, quería decirte No te sientas disminuido, quería decirte No tiene importancia, me gustas igual, hoy lo intentaremos aotra vez, no se lo cuento a nadie, Edgar, te juro que no se lo cuento a nadie, no se van a burlar de ti en el trabajo… (93)

La poesía para recuperar la dignidad humana

GUADALAJARA, JALSICO.- La primera pregunna fue determinante para el ritmo del encuentro. “¿Cómo fue su experiencia en la guerra de Angola?”. Antonio Lobo Antunes atravesó saliva y contestó con algunos silencios invisibles ante cientos de jóvenes que añoraban escucharlo: “Es curioso, porque siempre (las guerras) son hechas por muchachos, los soldados siempre tienen entre 18 y 19 años. Pero no es posible hablar de una guerra… es demasiado, por respeto a los muertos y porque en una guerra nunca hay un ganador”.

Durante este período en Angola -dijo el Premio Fil de Literatura en Lenguas Romances durante el encuentro “Mil jóvenes… con Lobo Antunes”-, eran atacados por las noches con ametralladoras conocidas como “máquinas de coser” y eran momentos de “tensión absoluta, era insoportable”. Lo único que los salvó, fue un libro de poesía de Víctor Hugo que leían después de la cena en altavoz. “Fue lo que nos devolvió la dignidad humana que ya habíamos perdido, nos devolvió el orgullo de ser gente. Pero lo más importante es que nos devolvió la esperanza”, comentó.

A pesar de que todos pierden y de que es lo más terrible que existe, “hasta la fecha no sé explicar porque los que estuvimos ahí no tuvimos culpabilidad de matar gente. Es algo a lo que aún no le tengo respuesta”.

Un joven cuestionó si en su escritura buscaba liberarse de alguna culpa. El autor de El culo del mundo explicó que escribir es tan solo un delirio y, desde su formación como psiquiatra, señaló que es muy similar al edificio lógico de los psicóticos, pues primero colocan una primera premisa errónea y a partir de ahí construyen. “Así es la literatura, la primera premisa es errónea y luego escribes todo un edificio lógico”.

María Luisa Blanco, miembro del jurado que le otorgó el Premio Fil a Lobo Antunes, anticipó a los jóvenes asistentes que se encontraban frente a un autor inmenso, porque es un hombre vampirizado por la palabra y que en sus novelas tiene un afán totalizador, con gran intensidad poética, reflexiva y narrativa, “lo que nos lleva a buscar la verdad en la mentira de la ficción”.

Además, las novelas no se hacen para “decir algo, si no escribiría ensayos”. Las palabras provienen de las “regiones más oscuras de ti mismo. Nunca escribes pensando en un público. Escribes por tus demonios interiores, por la fuerza que te obliga a escribir, porque es lo que da sentido, alegría y dirección a la vida”. Incluso relató que un día, escribiendo, estaba llorando, pero no era de alegría o tristeza. Fue la fuerza de la palabra lo que lo generó, “y ha sido de una intensidad de placer inmensa

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