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El combate del pensamiento – espai en blanc

Un mundo en crisis es, sobre todo, un mundo que no se deja pensar. El miedo y la urgencia nos instalan en una situación de amenaza de la que sólo los expertos nos pueden salvar. La crisis, ya sea económica, bélica o ambiental, exige poner en manos de otros las soluciones a nuestras vidas vulnerables y precarizadas. Frente a esta lógica expropiadora, que nos reduce a espectadores de nuestra propia desgracia, proponemos la necesidad de conquistar espacios de pensamiento como condición para tomar el mundo en nuestras manos.

El combate del pensamiento es el combate por pensar el mundo. Pensar el mundo no es la condición para transformarlo, sino ya el inicio de su transformación. Hay que invertir la frase de Marx en sus tesis sobre Feuerbach cuando afirmaba que los filósofos siempre se han dedicado a pensar el mundo y que había llegado la hora de transformarlo. Ahora es más que nunca el momento de pensarlo.

– El combate del pensamiento es la intervención en la batalla en la que se decide quién y cómo construye la realidad. La construcción de la realidad es, especialmente, la determinación de su sentido.
– Este combate no es un ejercicio intelectual realizado desde una torre de marfil. Es una intervención práctica en la que realmente nos va la vida.
– La globalización neoliberal – la movilización global – ha sido el modo victorioso de construcción de la realidad. La verdad del mundo, la verdad que organiza el mundo, es la verdad del capital.
– Pensar la realidad implica romper las premisas que impiden pensar, se trata de poder imponer nosotros mismos los problemas. En última instancia, se trata de convertirse uno mismo en problema para la realidad.
– Abordar el problema del pensamiento, de la posibilidad de pensar hoy, tiene que ser el inicio. Imponer el problema del pensamiento es el primer momento del combate ya que hoy el pensamiento está asediado y desactivado.
– Las estrategias de desactivación no existen en el aire sino que funcionan concretamente en: la escuela, la universidad, la empresa y los mass media. La desactivación significa que las ideas funcionan para el capital, ciertamente, pero sobre todo que la obviedad se impone como la tautología de la realidad.
– Desactivar el pensamiento es expropriarnos de los saberes que nos vinculan al mundo y a su transformación colectiva. La gestión actual del conocimiento, la información, la opinión y la innovación es la forma que actualmente toma esta expropiación. Necesitamos analizar y combatir sus protocolos de legitimación.
– No defendemos el pensamiento abstracto sino un pensar situado. Pensar es antes que nada pensar la interrupción del movilismo que reproduce esta realidad para poder hacernos las preguntas que nos interesan. Pensar significa contestar a ¿Cuál es tu combate?
– Pensar es, así, romper las premisas de lo que impide pensar. Así se inicia un combate por el sentido del mundo en el que todos podemos estar implicados. Pensar es agujerear la realidad.
– En este combate la educación toma hoy un nuevo protagonismo. ¿Cómo tomarla en nuestras manos? ¿Cómo ir más allá del discurso ideológico acerca de su crisis?

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