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“Propio infinito” busca la síntesis entre poesía visual y la creación de Pino
Valladolid, 4 sep (EFE).- La exposición “Propio infinito”, que hoy ha sido inaugurada en el Museo de Pasión de Valladolid, busca la síntesis entre el poeta visual y el creador que usa la palabra como expresión normalizada del verso que fue Francisco Pino, Hijo Predilecto de la Ciudad de Valladolid desde el año 2000.
La muestra recoge 107 documentos materiales, más de 17 cuadernos manuscritos, algunos de ellos con más de 120 páginas, 100 poeturas, 63 primeras ediciones de sus obras, 35 fotografías, 69 objetos relacionados con su creación, 68 cuadros y dos instalaciones arquitectónicas.
Así lo ha asegurado hoy el comisario de la exposición, Antonio Piedra, quien ha destacado que ésta “no” habla del “poeta total”, sino que “crea una plataforma para visualizar una esencialidad poética como la de Pino, a través de una visión pedagógica”.
“Propio infinito” procede de un verso del escritor y poeta vallisoletano, incluido en su libro “Y por qué”, con el que se conmemora el primer centenario del nacimiento de Pino, “el más vanguardista de la poesía española”, según Jorge Guillén, que totaliza una visión poética arraigada también en el verso tradicional.
La muestra, organizada por el Ayuntamiento de Valladolid y la Fundación Jorge Guillén, ha contado con la colaboración del Ministerio de Cultura, la Sociedad Estatal de Conmemoraciones, la Junta de Castilla y León, la Diputación de Valladolid, la Universidadd de Valladolid y la Fundación Joaquín Díaz.
Con esta exposición se pretende dar a conocer el universo personal y característico de Pino a través de su riquísima visualidad, con poeturas, collages, libros objeto, masas líricas, diseños de libros, utensilios poéticos o ediciones, que introducen al visitante en el universo creador del autor.
Francisco Pino (1910-2002) dio muestras de su sensibilidad poética desde muy pequeño, merced a una infancia marcada por la rigidez en el hogar y la inculcación de la idea de pecado hasta límites obsesivos, que propició esa inclinación por la poesía como refugio de su tristeza.
Además, la vida de Pino estuvo muy influenciada por sus estancias en la cárcel, donde incurrió en muchas contradicciones dramáticas hasta que en 1940 sale de lo que llamaba “sensibilidad fascista” y reconoce sus errores para vivir exclusivamente de su negocio, una empresa de barnices y pinturas.
Pero Pino siguió manteniendo su pasión poética, que dejó fluir en su total esencia tras su traslado, junto a su familia, al Pinar de Antequera de Valladolid, donde vivió hasta su muerte una época de tranquilidad, en la que huyó de los círculos literarios para centrarse en su quehacer diario.
En opinión de Antonio Piedra, “si Pino hubiera sido inglés o francés la literatura hablaría de él como de un genio y, si no se hubiera apartado tanto de los círculos sociales, seguramente estaríamos hablando hoy de un Premio Nobel”, ha asegurado.
Vinculado a la poesía experimental y neovanguardista, Pino se ha configurado como un referente de la misma a través de una rica obra que, hasta el 12 de octubre, se podrá ver en síntesis en la exposición “Propio Infinito”, centrada en el campo visual y en el letrismo combinatorio y semiológico del autor vallisoletano.
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