>BERTA PIÑON, poemas

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Su poesía es reconocida dentro y fuera de Asturias. Y aunque siente devoción por su tierra, desde hace unos años prefiere mirarla desde la distancia para apreciar otras perspectivas. Asturiana, residente en Madrid, Berta sabe que regresará algún día, pero de momento los kilómetros que la separan no le impiden seguir ejerciendo su compromiso con la llingua. Precisamente ha sido nombrada recientemente miembro de la Academia de la Llingua Asturiana.

NUECHE DE QUEMA

Son nueches d’insomnes les nueches
de quema.
Más cercana la muerte y
la vida, más violenta nesta espera
nocturna qu’enciende deseyos y descubre
promeses,
certeces que pasen
ardiendo.
Prende’l fueu nel aire como un aire de fiesta
o de guerra, de coses qu’un instante
suceden y no son nada al instante.
Nunes hores dexamos atrás lo que somos
y va quedando nel aire
como un aire d’urxencia,
de vezos que recién deprendimos
y bien lluego olvidemos.
Naide nunca nun durme
nas nueches da quema.
Como un amante impaciente
la llapa que miedra na nueche
consume la nueche
y remémbranos lo que fuimos
quedando: fumo namás,
y ceniza.

NOCHE DE INCENDIO

Son noches de insomnes las noches

de incendio.
Más cercana la muerte y
la vida, más violenta en esta espera
nocturna que enciende deseos y descubre
promesas,
certezas que pasan
ardiendo.
Prende el fuego en el aire como un aire de fiesta
o de guerra, de cosas que un instante
suceden y no son nada al instante.
En unas horas dejamos atrás aquello que fuimos
y va quedando en el aire
como un aire de urgencia,
de gestos recién aprendidos
y muy pronto olvidados.
Nadie duerme nunca
en las noches de incendio.
Como un amante impaciente,
la llama que crece en la noche
consume la noche
y nos recuerda lo que fuimos
quedando: sólo humo.
Y ceniza.
(Traducción de Berta Piñán)

DESPEDIDA
Será esta lluz d’abril dalgo violenta,
tan pocu usada,
que mi trai los zalegos d’otros más terribles
cuando calma la tarde va pasando
tremecida de voces y silencios, como un tapiz
estrañu nel que dibuxa placeres fugaces y perdíos.
Son quiciabes señales, namás eso,
un temor inxustu porque
llueve y yá presiento el calor,
la mano buscando secreta la tibieza,
porque pueo y nun quiero repitir los minutos,
les palabres precises, innecesaries siempre
que tamién esa tarde —tarde yá na tarde—
duldares un momentu.
              A BRASILEIRA
Les palombes y los neños
esguilen pela estatua
del poeta.
Asina ye la poesía:
piedra quieto
nel torpe trasiegu
d’una plaza,
figura de fondu
que acompaña la foto
borrosa d’un turista.

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