VOCES DEL EXTREMO: POEMAS DE GSÚS BONILLA

VOCES DEL EXTREMO: DOS POEMAS DE GSÚS BONILLA.

LAS ADORABLES DEUDAS QUE CONTRAEMOS CUANDO COMPARTIMOS LOS VASOS COMUNICANTES

Pues eso, un par o tres poemas de GSÚS BONILLA, donde la ternura se le supone comoel valor al insumiso.

Un placer, y jamas es demasiado tarde.

 

LA LLAMADA: evoco a mis antepasados

maestros en el arte de la tanatopraxia;

a mis ancestros, que despellejaban cabras,

borregos, y, de vez en cuando, un buey;  

que desollaban conejos y liebres,

socarraban cerdos, y, casi siempre,

en agua hirviendo, gallinas moribundas,

eran desplumadas. añoro,

todo un sinfín de habilidades

que me impresionaban de niño,

hoy, que no soporto la belleza

de los telediarios.

 

 

BROCHE DE ORO O EPÍLOGO: lombrices

que trituráis la tierra

estómagos que digerís

la soberanía de un pueblo

cagarnos  cagarnos  cagarnos

cagarnos la luz propia

de las tinieblas, pues si nos agraciasteis

con la oscuridad: las entrañas

nos pertenecen

cagarnos  cagarnos cagarnos

hacer del vientre un corazón

qué importa su negrura, pero

por fin: un corazón

En: Voces del Extremo. Poesía y resistencia. Ed. Amargord, 2013

 

 

INSURRECTXS: 

un buen día
heredamos un pompero
:
agua glicerina
y un poco de detergente
barato
no era
precisamente un cóctel
molotov
pero vi
el brillo de sus ojos y pensé
… qué coño
en todas las revoluciones
siempre hubo episodios violentos.




PAREDES

 

decididamente avanza un pie,

después otro

y así sucesivamente.

 

es la luz cuando baila por la mañana

sobre la pared,

saltándose todos los orificios de las persianas.

 

la náusea, la sed, el hambre, el entumecimiento, la tos, el estertor;

 

en otras ocasiones los niños

pendientes de morir

miran de nuevo al ventanal

 

y esbozan esa sonrisa

que a veces tirita sobre el cristal

porque la muerte es un frío

que recorre

sus pequeños y transparentes cuerpecitos

con tanta hostilidad

que la inconsciencia

es un cosquilleo que pace tramo a tramo

por todos los recovecos de la piel.

 

un crujir en las rodillas,

un runrún por los intestinos,

el castañeo de los dientes,

la tiritona, haber encontrado la postura final

al desenlace.

 

y luego el pie y el otro pie

y el sucesivo baile de la luz a la inversa,

 

desde la pared

hasta atravesar las persianas de nuevo;

 

entonces

me doy cuenta que detrás de las paredes

hay gente inmensamente despreocupada.

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