DOS POEMAS DE KARLOTTI

DOS POEMAS DE KARLOTTI.

 

CON EL BOXEO DE VUELTA EN EL ULTIMO ROUND

no olvides que salí con tus labios fotocopiados


en las comisuras de la campana en blanco


Regresare tarde pues de que otro modo rojo


o azul el triunfo jamas cazador seré mas acá 


del cuadrilátero celeste metamorfosis de un triangulo


que tu gloriosa fragilidad rescata a cada gancho


un KO en el ojal de tus pestañas y los guiños


de un ángel incestuoso que siempre se adelanta


Volveré tarde con mi tigre de silencio y una madeja


de luces y un aplauso en el la boca del cansancio


No quiero que me esperes levantada, pues vendré


lleno de ansias contra las cuerdas, y muchos segundos


en forma de collar alrededor del mundo que me sueñas


Derrotado como un barco cuya derrota es el mapa


de tu cama como un gong azul el colo que guardas


y una mirada de isla en los cristales para ir cayendo


poco a poco en la bendita mala suerte del combate


que como una foto en blanco y negro, me arrulla


y me espolea hacia todo lo que no huela a sangre


por ejemplo un campo de limones entre tus piernas


o la simple mar océana salada y tan mulata la luna


y ella, abierta como el fuego de esta parrilla de lona


que me abrasa mientras escucho el blues dulzón


con el que me dice adiós súbitamente 


todo el dolor del mundo, te lamo la luz herida 


y estoy en la gloria, sobre tus labios, y es inútil la victoria.

 

 

 

 

poema de los adioses

Como te decía…
en este lugar en celo,
donde las aldeas son comestibles
y alimento favorito de la lluvia mas antigua,
caldiño pra sorber quente
como cando fago o amor co meu amor salado.
Donde las grúas en extinción
picotean los dorsos de los certificados de mala conducta,
Te digo,
Aquí la poesía no corre peligro alguno
de ser sumida en la nostalgia
ni convertirse en meliflua y ridícula criatura,
ni dulzona entelequia,
ni coñazo sofisticado, o primoroso astió,
Como te digo, asombrosamente aquí los poetas
adoran la vida, sus calles, la amistad, las barras
navegables de los bares, y dejan en paz sus bellos poemas,
dejan que vuelen en el maravilloso cielo de los humanos que hablan.
Como te digo,
no se donde estoy exactamente,
pues aquí el Este y la espuma,
el Norte y el Viento, La hierba y la risa,
Se aparean sin descanso.¡ Es algo extraordinario!.
Con los poemas en los dientes del alma,
los bolsillos rotos,
Las esquinas se desdoblan
y te ofrecen amables saludos como si te conocieran de siempre.
Las casas fondean con sus mejores castillos de popa,
Estoy emocionado.
Camino hacia el centro y siempre estoy en el corazón
apasionado de la periferia.
Aquí los poetas adoran las palabras,
y a sus portadores: los parados, los sabios, los delincuentes,
las orfebres, las incansables soldadoras, los costureros, las ociosas,
los vagamundos, las rebeldes, insurgentes e insurgentas, las que mecen,
los que acunan,
los que se esfuerzan generosamente por tocar lo menos posible
la naturaleza de los besos, los labios de los árboles, las orejas azules
con sus bocas de riego, estas, si les echan una mano siempre,
para que escuchen el infierno.
Aquí las palabras y las cosas,
se aparean sobre sonrisas soleadas,
Y como animales salvaxes y domésticos
se desdoblan como nosotros,
en la punta de las lenguas, humedeciendo los labios políglotas
hasta que los mismísimos dedos se mueren como peces.

No se donde estoy exactamente,
pero aquí me quedo,
para regresar sin prisa.

Mira, como te mojo la distancia,
Sin ir mas lejos, las plazas arboladas de estraperlo,
se llenan de bukunines y malatestas,
con las manos repletas de ternura, y la mecha encendida.
En alta voz se ignora el poder en todas sus facetas, tóxicas y asépticas.
Mas allá en la noche, muchachas irredentas, trenzan redes
de mortal eficacia con sus voces de palpito,
ciscan cabos y maromas, transparentes,
para izar las anclas que cada uno considere.
Son muchachas a las que no le alcanza la miseria de la abundancia.
Oriundas de costas mortales,
las dos aladas de una fe adorable
que la rentable miseria
blasfema sin pausa.
Mas tarde, como son los días,
un hermano humano,
deambula como un nómada afgano
bautizando y subvirtiendo, los negocios y comercios,
gordos, glotones satisfechos, rincones en ruinas,
escombros dorados,
zanjas, si, zanjas descarnadas,
y así súbitamente todo se torna
un campo enamorado de combate, por supuesto
solo cuerpo a cuerpo.
En la misma favorable derrota, David
cuida a todos los desgraciados goliats ,
pues no hay nada que un hombre no pueda hacerle a otro hombre.
Y silbando con su voz acarallada
funde los barrotes hasta tocarte el cielo de la boca.
Te digo, que esto es algo para mimar de boca en boca,
Súbitamente con la cadencia de un home dos pes a os bikos.
estevo estiva la ternura en las oquedades
de todas las sentinas del llanto. Y los enormes mercantes de la pena
ladran mansamente
sin que nadie le toque los cojones.
Y aun en este enorme dia de los días
Una voz repercute gaita en un aullido,
y los niños salen de las paredes de mama
y corren detrás de sus divinas enseñanzas,
donde en un instante se doctoran
en la búsqueda de islas del tesoros
hasta en su mierda favorita.
Y ahora, un dramático demiurgo suena como telúrica caricia
y ya la fiesta alcanza
la gozosa manía de ser, maldita sea, buenos.
Y la bendita mala suerte
nos vuela la fe.
Y sus voces curan
con silencio crudo hasta el alma de las piedras.
Como te digo,
no se donde estoy
pero me quedo.
para regresar despacio, muy despacio,
como cuando te hablo
desde tanta cariñosa distancia
con las yemas
del mar
en llamas.

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