Ojalá

Muerto mi padre
y vendido el terreno
fui a vaciar su vieja
casa de aperos.
Metí el metal
en la furgoneta
-algo me darían-
y la madera en
un bidón oxidado.
La rocié de gasolina
y le prendí fuego.
De pronto una araña
saltó de dentro.
Envuelta en llamas.
Pero cómo corrió
por el polvo rojo.
Corrió y corrió
obstinada en la vida
hasta que sus patas
se consumieron.
No dejó de moverse
hasta ser ceniza.
Pero al fin cesaron
las convulsiones,
y una leve brisa
barrió su recuerdo.
Ojalá con las personas
pasara lo mismo.

Iván Rojo

Muerto mi padre
y vendido el terreno
fui a vaciar su vieja
casa de aperos.
Metí el metal
en la furgoneta
-algo me darían-
y la madera en
un bidón oxidado.
La rocié de gasolina
y le prendí fuego.
De pronto una araña
saltó de dentro.
Envuelta en llamas.
Pero cómo corrió
por el polvo rojo.
Corrió y corrió
obstinada en la vida
hasta que sus patas
se consumieron.
No dejó de moverse
hasta ser ceniza.
Pero al fin cesaron
las convulsiones,
y una leve brisa
barrió su recuerdo.
Ojalá con las personas
pasara lo mismo.

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