“El poema es un lugar raro donde se guarda la vida” / Conversación entre Olvido García Valdés y Miguel Marinas | Tam-Tam Press

“El poema es un lugar raro donde se guarda la vida” / Conversación entre Olvido García Valdés y Miguel Marinas | Tam-Tam Press.

 8 de marzo de 2015 LIBROSPENSAMIENTOPOESÍARESEÑAS 

“El poema es un lugar raro donde se guarda la vida” / Conversación entre Olvido García Valdés y Miguel Marinas 

 

1 portada marinas olvido

Un lugar donde no se miente
Conversación con Olvido García Valdés
MIGUEL MARINAS
Libros de la Resistencia. Colección Paralajes 6
Madrid, 2014. 160 páginas. 11,50 €

El profesor y poeta astorgano Eloy Rubio Carro analiza el libro ‘Un lugar donde no se miente, conversación con Olvido García Valdés‘, donde el poeta y catedrático de Ética y Filosofía PolíticaMiguel Marinas desgrana el pensamiento y la poética de la escritora asturiana afincada en Toledo.

Por ELOY RUBIO CARRO
astorgaredaccion.com / Contexto global

‘Un lugar donde no se miente, conversación con Olvido García Valdés’, es una larga entrevista que realiza Miguel Marinas. Consta de ocho epígrafes o balizas que sirven para atacar el tema por distintas vías. Al empiece,  Miguel Marinas se muestra muy recatado, muy telegráfico, casi sin compromiso, será Olvido García Valdés quien le incitará al diálogo, como intentando mostrarle que la distancia no es para establecerse en ella, pues impide a la relación su cometido y de esta manera nunca llegará lo que busca. Esa rigidez de los temas, ese cuchillo que despieza e interroga a cada pieza no trae a conciencia lo solo del animal. Más adelante, casi al final de la entrevista, parece que Marinas se suelta, no obstante el diálogo no llega a cuajar del todo.

Tal vez, la verdadera entrevista vendría después del libro, cuando la conversación se hubiera vuelto más real, reversible, dialógica.  En ese suelo conquistado se llega a producir el quiebro que lleva al ofrecimiento de invertir los papeles. “Yo pongo los epígrafes y tu pones la palabra”, le dice Olvido a Miguel Marinas.

Los epígrafes han sido las señales en el camino que apuntan a un mismo asedio, a lo que fuere Olvido García Valdés; entrar en ello es la operación del conocimiento (de conocer-la). Bien: ya hemos visto, ya hemos oído, hemos tocado, soportando todo esto; como sustrato tendría que estar la rosa, por ahora contentémonos con ‘el nombre de la rosa’.

En ‘Lo que viene’ se abordan las diferencias y las desigualdades. La escritora llama a las mujeres a no dejarse engañar por el discurso tradicional que en tiempos de crisis y oscuridad no perdona. Hay que tomar conciencia de la finitud, de la temporalidad, de ‘la muerte propia’, ‘una curva que el cuerpo figura’, y cuidarse del señuelo de ‘desidentificación’ en los hijos, del ‘Todo por la familia’. Lo que siente Olvido García Valdés es una desesperación terrible, pues el tan cacareado cambio ha sido menor, “si pensamos en términos de la calle: la moda, los estereotipos, los modelos de relación y de comportamiento en la relación”, siguen concibiéndose de parecida manera.

‘Cuidar el alma’ es el último capítulo, el más dialogado y funciona bien como síntesis de lo que se ha ido vertiendo en los precedentes títulos. Lo que se plantea es cómo aprender a vivir en un país en el que la culpa lo emponzoña todo, cómo apostar por cierta levedad. “El problema básico viene a ser el mismo en todos los órdenes de la vida. ¿Cómo hacer algo en lo que tú te puedes ver razonablemente implicado? No un papagayo.” Eso es lo que verdaderamente de valor se transmite en la enseñanza, un punto de vista implicado. Ha habido como una especie de ‘mutación antropológica’ en las nuevas generaciones, facultada por la cultura de masas y por una sociedad que se infantiliza y se baba por los estudios ingenieriles, que viene descuidando la transmisión de las actitudes críticas y del cuidado.

En  ‘Vivir la vida’, Olvido llega al ‘Ser’ desde la extrañeza de no ser ya aquello que era: “Un sustrato que permanece.” Un sustrato que desborda y que solo en ello es abordable.

‘Leer los libros’ cuenta el surgimiento de su personalísima poética. “La poesía posee su propio carril, juega con una química y una física que produce cristalizaciones, que hace que determinadas cosas cuajen, tiene sus raicillas raras”. En este intento de asedio a la rosa, con un análisis tipo cartesiano, donde se parcela el ataque desmenuzando la flor hasta la carne viva, hasta las raicillas del miedo, no se encuentra ella todavía, pero tal vez este asedio sean vistas abiertas, venillas abiertas en ‘variación imaginativa’ a un entendimiento no se pretende total. La poesía surge de un trabajo de interpelación con el lenguaje, pero también de modo muy principal de las experiencias vitales, de las modificaciones del cuerpo. “Entonces, no podemos parcelar, no podemos distinguir tan fácilmente”. Tal vez la búsqueda luego del despiece sea de conformación; de apertura al desaliento, respirar al aire que respira, al aire de su vuelo la búsqueda.

Así que la escritura puede ser un intento de indagar en el yo y en sus raicillas; “en la escritura lo que importa es lo que te da de ti que no sabías de ti”. La escritura “es un lugar donde no se miente, donde una no se puede mentir a sí misma”. La poesía es para la poeta mucho más que una indagación sobre sí misma, llegando a ser ‘la indagación del lenguaje en el lenguaje’, en la raicilla de sí que solo en el lenguaje puede darnos lo de sí; “una lengua imposible, maravillosa, que tiene mucho de vértigo y desde ahí, dar cuenta de lo que hay”.  Esta es  ‘La sorpresa del mundo’, donde el saber que se busca es la verdad, y la escritura el lugar donde se muestra. La escritura de Olvido García Valdés le lleva a enfrentarse con un mundo por el que circulan esas palabras mundanas, contradichas, de las que nunca sabremos claramente qué son, tan mitificadas en los ‘mass media’. ¿Y esa epidemia, ese andancio tendría que pasar por ti?  Pensemos por un momento en el ‘amor’. “¿Qué es lo que entendemos básicamente como amor y qué es lo que vivimos como amor?” El enamoramiento podría ser no más que nuestras propias carencias proyectadas en otro. Al madurar se pretende una relación más real, que elimine el componente de fantasía; se busca también la reversibilidad, el diálogo. Aquí en este suelo conquistado un quiebro se alza, “hay una remisión a lo desconocido; se trata, en ausencia ya de aquellos abismos narcisistas e inmaduros, del extraordinario abismo que es el otro, ahí tan cerca. Un pozo sin fondo otra vez, pero que (en este retorno) tiene presente lo que es el otro”… ”Ese abismo merece la pena”.

Hay en este acercarse al mundo un distanciamiento para el aprendizaje, “un interés de ver las cosas como son”, una educación de la mirada que se ha forjado en la indagación del paisaje castellano. Una disposición a ver las cosas en su ser; una forma de fascinación que define como “el vacío que se deja llenar por lo que está delante; y es cuando ves la cosa por vez primera como en su ser”. Así las cosas, la composición del poema es un destilado de unos materiales previos que se ajusta a lo que tiene que ser, y eso significa “a lo que dé cuenta con la mayor precisión de que seas capaz de aquello que tiene que dar cuenta. No tiene más”.

La cosa del amor, la cosa de la vida, la cosa del poema todo ello se ha abordado en esta entrevista. ¿Qué sabemos ahora de Olvido García Valdés?  Sigue sin aparecer tras la malla de su sueño, en la cerca de su nombre. Dos son los modos en que suele trabajar su poesía, uno desde el sueño, donde se cumplen operaciones de asociación o de poda; otro es el desprendimiento. “Se va desprendiendo de todo lo que no le hace falta”. A ello habría que añadirle el paso del tiempo hasta que el libro cuaje. Esa labor de desprendimiento del mundo lleva a un encuentro verídico con el otro y al abismo del otro; a una desaparición del paisaje y a la sorpresa de descubrirlo en segunda vuelta; un  lugar sin engaños donde la escritura se hizo posible.

(*) Olvido García Valdés: Premio Nacional de Poesía en 2007, por su libro ‘Y todos estábamos vivos’. En Esa polilla que delante de mí revolotea. Poesía reunida (1982-2008), Barcelona, 2008, se recoge su obra poética entre esas fechas. Posteriormente ha publicado ‘Lo solo del animal’. Es asimismo autora del ensayo biográfico Teresa de Jesús. Ha co-dirigido la revista ‘Los Infolios’, y fue miembro fundador de ‘El signo del gorrión (1992–2002)’.

Miguel Marinas simultanea la escritura con la enseñanza de la filosofía en la Universidad Complutense. En ella es catedrático de Ética y Filosofía Política. Posee infinidad de publicaciones. ‘Razón de duelo’ (publicado por Eloísa Otero en ‘Traviesas de Poesía’, 2008-2014) es un ejemplo de sus composiciones poéticas. ‘La razón biográfica. Ética y política de la identidad’ (Ed. Biblioteca Nueva, 2004) y ‘Ética de lo inconsciente’ (Biblioteca Nueva, 2014) son dos de sus títulos de ensayo.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Uncategorized. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s