Los restos del naufragio de Nazim Hikmet | Crónicas desde Europa 

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Los restos del naufragio de Nazim Hikmet

25MAY201011:03

Como un sol turco, como un náufrago del siglo XX, el poeta Nazim Hikmet escribió y vivió entre la cárcel y Varsovia, Berlín este y Anatolia, Moscú y Estambul. Esa vida errante -ese naufragio- creó un gran legado, que tras su muerte quedó esparcido por los tres mundos de entonces.

Muchos de esos restos han sido encontrados ahora en los Urales, los montes sagrados que dividen Europa de Asia y donde han anclado muchas arcas de Noé.

La dueña del legado es Galina Kolesnikova -94 años-, el precio un millón de dólares. Galina y Nazim se conocieron en el sanatorio de Barvija allá por los cincuenta, cuando el poeta emprendió su último exilio al obtener la ciudadanía polaca.

“No creo que estuvieran liados. Ella era su médico, y posiblemente un agente del KGB. Vera (Tulyakova, su última mujer) me dijo que Galina se portó muy mal con Nazim”, explica al diario Hürriyet Melih Günes, amigo de la familia.

Günes ha pedido formalmente al Ministerio de Cultura de Turquía que se haga cargo del legado, y abrir un museo y un centro de estudio de este poeta traducido a 50 idiomas; “Nazim es una herida en la conciencia turca, paguemos nuestra deuda con él”, exige.

El ministro de cultura Ertugrul Günay ha reconocido que no disponen de presupuesto para comprar los objetos, aunque ya ha informado a las autoridades rusas del asunto.

“Ella me enseñó las cajas y todos los objetos tenían marcado el precio. Era triste ver como gran parte del legado estaba amontonado en el jardín. Yo cogí dos pedazos, una foto a color y un documento con su firma. Kolesnikova ha destrozado muchos documentos firmados por él”, asegura Günes, quien sostiene que entre el legado hay varios poemas inéditos.

Galina Kolesnikova vivió 7 años con Nazim, de 1952 a 1959. Lo primero que ha vendido es el coche del poeta, por apenas 600 dólares.

Uno no siempre hace lo que quiere, pero tiene el derecho de no hacer lo que no quiere“, reza su epitafio.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El más bello de los mares

El más bello de los mares

es aquel que no hemos visto.

El más hermoso de nuestros hijos

todavía no ha nacido.

Nuestros días más hermosos

aún no los hemos vivido.

Y lo mejor que tengo que decirte

todavía no te lo he dicho.

 

En España el poeta más cercano a Hikmet es Antonio Gamoneda y existen varias ediciones en castellano de sus poemas (Adonais 1959, Visor 1973, Batlló 1976, Ediciones de Oriente 2000). No obstante, el turco sigue siendo poco conocido entre el público español.

 

 

 

 

Escribe Hikmet: “Nieto de un pashá, nací en una familia pudiente. Por lo tanto, siendo aún pequeño había hecho muchos viajes por Anatolia, pero en soberbias carrozas arrastradas por cuatro o seis caballos, con cocheros y sirvientes; Creía conocer mi tierra natal, pero sólo después, caminando, pude enterarme de cómo vivía realmente mi pueblo. Vi a los heridos de guerra tirados a lo largo de los caminos, comprobé el hambre, las enfermedades, las miserias sin fin de mi gente. Y las sufrí yo mismo”

El gran poeta turco nació en 1902 en Salónica, entonces parte del Imperio Otomano. Uno de sus abuelos fue poeta, el otro general; su padre diplomático y director general de prensa, su madre pintora.

Hikmet estudió en el instituto francés de Galatasaray y entró en la escuela naval de Turquía, aunque no llegó a embarcar por su quebrada salud y empezó a ejercer como maestro en Bolu. Impresionado por la revolución rusa se marchó a Moscú a principios de 1921; tenía 19 años y su país estaba sumido en una guerra de supervivencia.

Aprendió ruso y durante cuatro años estudió sociología. En Moscú entró en contacto con los movimientos vanguardistas rusos y conoció a Essenin, Meyerhold, Bagritski y Mayakovsky, haciéndose amigo de este último.

En diciembre de 1924 volvió a Turquía e ingresó en la redacción de la revista “Aydinlik” (claridad). Al mes siguiente la revista fue cerrada por comunista y sus redactores encarcelados. Hikmet escapó a Izmir y vivió un tiempo en la clandestinidad, tras ser condenado a 15 años de prisión decidió huir de nuevo a Rusia, donde creó el teatro-estudio METLA.

Regresó a Turquía en 1928, pero fue detenido en la frontera y pasó 9 meses en la cárcel. A la salida se instaló en Estambul y empezó a trabajar para el diario “Aksam” (Noche) y el “Risimli Ay” (Mensual ilustrado). En 1929 publicó sus primeros poemarios, “835 líneas”, “La Gioconda” y “Si-Ya-U”.

Por entonces conoció a uno de los grandes amores de su vida, Piyaré, de 22 años, con la que se casaría en 1935. Antes, en 1933, fue encarcelado por pertenecer a una organización comunista y en el juicio, celebrado en Bursa, el fiscal reclamó la pena de muerte para el poeta. No obstante, al año salió de la cárcel, gracias a una amnistía promulgada por el X aniversario de la República.

Nazim volvería a prisión en 1938, para cumplir una nueva condena (28 años y cuatro meses) por militancia comunista. En la cárcel de Bursa conocería a dos de los grandes intelectuales turcos de la segunda mitad del siglo XX, Orhan Kemal e Ibrahim Balaban.

Hikmet pasó los siguientes 13 años en prisión, hasta que la presión del Comité Pro-liberación de Nazim Hikmet -organizado por Tristan Tzara y Louis Aragón-, y la llegada al poder del Partido Demócrata, propiciaron su amnistía. Durante su permanencia en prisión contrajo matrimonio con su prima Münnever Andaç y escribió los poemarios “Paisajes humanos de mi país” y “Poemas de las 22-23 horas”.

En 1951 nació su hijo Mehmet y pocos meses después emprendió el exilio definitivo en la Unión Soviética. Murió en una dacha de Moscú en 1963.

Hikmet revolucionó la poesía turca, al introducir el verso libre en una métrica hasta entonces marcada por el estilo persa.

 

 

 

Angina de pecho

La mitad de mi corazón está aquí, doctor,

pero la otra mitad se encuentra en China,

en el ejército que baja hacia el río Amarillo.

Cada mañana,

cada mañana con el alba,

mi corazón es fusilado en Grecia.

Y cuando el sueño rinde a los presos,

cuando se alejan de la enfermería los pasos últimos,

Mi corazón se va, doctor,

se va hacia una vieja casa de madera, allá en Estambul.

Además, doctor, hace más de diez años

que no tengo nada en mis manos

para ofrecer a mis hermanos;

Tan sólo una manzana,

una roja manzana: mi corazón.

Por todas estas cosas, doctor,

Y no por culpa de la arteriosclerosis,

ni de la nicotina, ni de la cárcel,

Tengo esta angina de pecho.

Desde mi cama

contemplo la noche tras de los barrotes.

Y a pesar de todos estos muros

que me aplastan el pecho,

Mi corazón palpita con la estrella más remota.

(Versión de Solinam Salom, Visor, 1973)

 

 

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