PALESTINA: El Día Mundial del Libro es celebrado en memoria de Mahmud Darwish 

Origen: PALESTINA: Árabes y judíos deben desafiar juntos al pasado oficial de Israel / El Día Mundial del Libro es celebrado en memoria de Mahmud Darwish / La salud de Barghuti empeora en el octavo día de la huelga de hambre indefinida de presos palestinos / Vídeo: Policía israelí abre fuego contra manifestantes palestinos en apoyo a los presos en huelga de hambre / Ilan Pappé: ‘Hay un Estado apartheid que se llama Israel’ / Encontronazo entre Alemania e Israel por la decisión del ministro de Exteriores de reunirse con ONG / Empeora en Gaza carencia de energía eléctrica – Resumen Latinoamericano


El Día Mundial del Libro es celebrado en memoria de Mahmud Darwish

Quince ciudades de todo Oriente Medio conmemoraron el Día Mundial del Libro en memoria del poeta palestino Mahmud Darwish.

Quince ciudades de todo Oriente Medio conmemoraron el Día Mundial del Libro en memoria del poeta palestino Mahmud Darwish.

La Asociación de Educación Sin Fronteras de Sudán celebró el evento en 11 ciudades de todo el país, mientras también se celebraron eventos similares en las capitales de Egipto y Omán, así como en Dubai (Emiratos Árabes Unidos) y Jerusalén.

La novelista sudanesa Sara Al-Jake dijo en Jartum: “El Día Mundial del Libro reúne a escritores y lectores en un mismo punto; donde los escritores leen sus libros frente a la audiencia y luego se producen interesantes debates”.

“Este evento anima a las generaciones jóvenes a leer y ser críticos, de forma que allanen el camino para que los nuevos escritores surjan en la escena cultural de Sudán”, agregó.

Fuente: Middle East Monitor en Español

Mahmud Darwish

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WALT WHITMAN: VIDA Y AVENTURAS DE JACK ENGLE | Rafael Narbona

Origen: WALT WHITMAN: VIDA Y AVENTURAS DE JACK ENGLE | Rafael Narbona

WALT WHITMAN: VIDA Y AVENTURAS DE JACK ENGLE | Rafael Narbona

¿Poeta de una nación o poeta de vagabundos? Se ha dicho que Whitman era un “vagabundo semidivino” (Borges), “un magnífico haragán”, un periodista hostigado por el fracaso, un cajista negligente, un maestro sin vocación, un borracho de buen corazón, un libertino con tendencias onanistas, un neurótico que combatía su inseguridad con alardes de megalomanía. Nada de eso le impidió convertirse en el poeta de la democracia americana, la voz profunda de la América liberal e inconformista. Hojas de hierba (Leaves of Grass) es la Ilíada del Nuevo Mundo, la Divina Comedia del joven e insolente continente, el Quijote de un país que aún sueña con la última frontera. Sus diez ediciones contienen la épica de una sociedad libre, abierta, plural e individualista, que concede al pueblo la sagrada misión de realizar su destino manifiesto. Para Whitman, la democracia es la religión del pueblo americano, no un simple modelo de gobierno. No se trata de una fe pagana, sino de un misticismo liberador que combate indistintamente la esclavitud y la desigualdad, el fanatismo y la tiranía. Dios, la Naturaleza y el Hombre componen un todo indisociable que merece ser cantado y celebrado con júbilo. Sacerdote del optimismo, Whitman nunca experimentó las dudas de Hamlet ante la calavera de Yorick. No hay que pensar en morir o soñar, sino en vivir con “nervio y energía”. El célebre “Canto el yo” (One’s-Self I Sing) no es un ejercicio de narcisismo, sino un homenaje al Ser, al Progreso y a la Condición Humana: “…canto por igual a la Hembra y al Varón. / Con una inmensa pasión por la Vida, […] al Hombre Moderno canto”. Amigo de las feministas y los abolicionistas, Whitman costeó la primera edición de Hojas de hierba en 1855, cosechando indiferencia y desprecio. Sólo Emerson celebró la publicación de la obra, augurándole el reconocimiento de la posteridad. Whitman no se desanimó, pues sabía que su voz no era simplemente la de su yo, sino la de todos, incluidos los humillados y olvidados: “Brotan de mí muchas voces largamente calladas: / voces de las interminables generaciones de prisioneros y esclavos; voces de los enfermos y desesperados, […] / de los deformes, los triviales, los simples, los necios y los despreciados”.

Hasta hace poco, sólo se atribuía una novela a Whitman, Franklin Evans, el borracho. Durante tres febriles días acompañados por abundantes tragos de oporto, el poeta compuso una obra que más tarde consideraría “una auténtica porquería”. Paradójicamente, vendió 20.000 ejemplares, una cifra que excede largamente las ventas de las sucesivas ediciones de Hojas de hierba. Saber que Whitman no se equivocaba al juzgar su novela, corrobora que el éxito nunca es un buen criterio para determinar el valor de una obra. El hallazgo de una nueva y breve novela publicada por entregas en 1852 en The Sunday Dispach amplía nuestro conocimiento de su autor. Sería absurdo afirmar que se trata de una joya literaria, pero constituiría una grave negligencia negar su importancia como documento lírico, introspectivo y clarificador. Desde la primera página, se aprecia la voluntad de imitar a Dickens, narrando las aventuras y desventuras de un joven aprendiz de abogado que ignora acontecimientos esenciales de su pasado. Jack Engle sufre una orfandad temprana, convirtiéndose en un muchacho desamparado que vagabundea por los suburbios. El encuentro con un respetable y compasivo lechero le salva de unas calles donde sólo prosperan la violencia, el abuso y el chantaje. Durante un tiempo trabajará para Covert, un auténtico villano que ejerce la abogacía para enriquecerse, empleando toda clase de artimañas para despojar a sus víctimas de sus bienes. Engle descubrirá que la corrupción no es una epidemia de los bajos fondos, sino un vicio que circula por todas las capas de la sociedad. Su desengaño no desembocará en un escepticismo trágico, sino en un vitalismo invencible. Los vicios del ser humanos no pueden menoscabar los afectos más nobles, como el amor o la amistad.

¿Merece la pena leer Vida y aventuras de Jack Engle? Sin duda, pero no por su trama –algo rudimentaria y precipitada-, sino por la vibrante humanidad de Walt Whitman, que resplandece en cada página. Su retrato de la infancia refuta los tópicos: “¡ay, los niños piensan más de lo que imaginan muchos!”. Los niños son criaturas imaginativas e hiperestésicas, que sobreviven a las peores desgracias porque en ellos palpita “el espíritu de la aventura”. La vejez no disfruta de ese privilegio. Wigglesworth, el contable de la oficina de Covert, flota en el alcohol para olvidar el bienestar de su juventud. Su afición a la bebida fue la causa de infortunio y el bálsamo de su senectud, pues aturde su conciencia y difumina su juicio. Su conversión al metodismo sólo agrava su sufrimiento, pues la sobriedad impuesta por la religión propicia una triste lucidez. El alcoholismo, que se cobró un dramático diezmo con la familia Whitman, es un tema recurrente en la obra del poeta. La Vida no se cansa de convocarnos, pero la Muerte también nos reclama y no siempre logramos escapar a su llamada. El genio de Whitman brilla especialmente en su visión de Nueva York, por entonces un laberinto de callejuelas umbrías, con algunas mansiones victorianas e infinidad de chamizos levantados sobre el barro. Las canciones que se escuchan en sus esquinas, a veces toscas y grotescas melodías, alivian momentáneamente el desaliento inherente a la pobreza: “Qué extraño encanto hay en la voz humana, que aventaja a todos los instrumentos a la hora de causar ciertos efectos”. Nueva York puede despertar la melancolía, pero no el tedio: “Me gustaba vivir en la gloriosa Nueva York, donde, si hay alguien inactivo que no sabe en qué entretenerse debe ser por culpa suya”.

Los últimos capítulos de Jack Engle son particularmente memorables. En uno, se describe el cementerio de Nueva York. Después de leer los epitafios de algunas tumbas, Engle comenta entusiasmado: “Ha llegado una nación de hombres libres que ha superado todo lo que se conocía en cuanto a felicidad, buen gobierno y auténtica grandeza”. En otro, un asesino convicto se lamenta del dolor de los hombres, que viven bajo las inclemencias del azar: “Ojalá el demonio en el jardín del Edén le hubiese desvelado al joven el camino a la felicidad”. El temperamento dionisíaco de Whitman se manifiesta con un feliz desenlace que repara todas las injusticias. Su inesperada novela afianza la imagen de un poeta que concibió a América como una “Tierra Libre”, donde la ambición y el coraje pueden sortear cualquier obstáculo. ¿Poeta nacional o poeta de vagabundos? Cuando a finales de 1855 Whitman se acercó al hotel Astor para visitar a Emerson, no lo dejaron pasar por su aspecto bohemio, más propio de un mendigo que de un caballero. No es una anécdota banal, sino la prueba de que Whitman fue el poeta de una nación de vagabundos. Los pobres, los derrotados y los desamparados descansan sobre su alma de infinito y su “arpa labrada de un roble añejo” (Rubén Darío). Jack Engle encarna el espíritu de una civilización que manchó su alma con los peores pecados, pero que se redimió con la gloria de sus poetas, el carácter temerario de sus sueños y su inquebrantable amor a la libertad.

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75 años de la muerte de Miguel Hernández 

Origen: 75 años de la muerte de Miguel Hernández | Periodistas en Español

75 años de la muerte de Miguel Hernández | Periodistas en Español

75 años de la muerte de Miguel Hernández

Evocación del poeta herido por el rayo de la guerra civil

Durante los últimos días de la guerra civil española, cuando todo estaba perdido para la Republica, los antifranquistas buscaban una salida para no caer en manos del ejército fascista. Como muchos civiles y milicianos, los intelectuales y artistas pro-republicanos buscaron la salvación en el exilio.

A muchos se les facilitaron pasaportes y visados, y se pusieron a su disposición medios de transporte. El poeta Miguel Hernández quedó descolgado de aquella fuga masiva, no hubo para él ningún avión ni pasaporte de última hora y buscó la salvación en una fuga imposible a Portugal, a pie, solo y sin recursos. A los pocos días de cruzar la frontera los guardias del dictador Oliveira Salazar lo detuvieron y lo entregaron en Rosal a la guardia civil.

Xulio Formoso: Miguel Hernandez
Xulio Formoso: Miguel Hernandez
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Lo trasladaron a Huelva y de allí a Madrid, donde fue internado en la cárcel de Torrijos con otros 2500 reclusos. Estuvo preso hasta el 15 de septiembre de 1939, cuando fue puesto en libertad gracias a las gestiones de José María de Cossío, con quien había colaborado en la redacción de la enciclopedia taurina. Se trasladó entonces a Orihuela para reunirse con su familia, en vez de aceptar el ofrecimiento de la embajada de Chile para exiliarse. Algunos oriolanos que lo conocían lo denunciaron y a los pocos días fue detenido de nuevo. Condenado a muerte, recorrió varias prisiones (fue en la de Conde de Toreno en Madrid donde Buero Vallejo le hizo su famoso retrato) hasta ser trasladado a la del Reformatorio para Adultos de Alicante, donde pasó los últimos días de su vida, enfermo y esperando que lo trasladaran a un sanatorio antituberculoso.

Se le ofreció el tratamiento si renunciaba a sus ideas, a lo que se negó, y murió el 28 de marzo de 1942, víspera del domingo de Ramos.

Orígenes ideológicos y sociales

En los años treinta el municipio de Orihuela era un reducto ultraconservador cuyos ciudadanos presumían de un activismo religioso en defensa del catolicismo más reaccionario. Miguel Hernández fue educado en este ambiente y dio sus primeros pasos en el ámbito de un catolicismo fascistoide influido por su amigo íntimo José Ramón Marín Gutiérrez (Ramón Sijé), quien dirigía la revista católica “El Gallo Crisis”, y por el sacerdote Luis Almarcha, quien con el tiempo se convertiría en uno de sus verdugos.

En 1931 Miguel Hernández publicó su primer libro, “Perito en lunas”, y viajó por primera vez a Madrid. En la capital hizo amistad con Vicente Aleixandre, quien le introdujo en el mundo literario, y con Pablo Neruda, quien orientó su pensamiento político hacia el comunismo. De su grupo sólo él supo lo que es pasar hambre en un Madrid cuyas calles recorría buscando editor para los versos que llevaba en una carpeta bajo el brazo.

Sorprende que García Lorca no simpatizase con su personalidad, un tanto tosca, y no sintiese aprecio por su obra. Encontró mejor acogida en el pintor Benjamín Palencia, en Maruja Mallo (de quien se dice que fue amante) y en María Zambrano. Esta última escribía (“Presencia de Miguel Hernández”. El País 9-7-1978): “Y toda aquella ‘pléyade de poetas’ que lo acogió como mejor podían, con la excepción de un poeta prometido al ‘sacrificio’ en modo fulgurante, que experimentaba una especie de ‘alergia’ por su presencia personal”. Aunque le hicieron entrevistas en “La Estampa” y “La Gaceta Literaria” no consiguió hacerse hueco en un ambiente intelectual muy competitivo y regresó a Orihuela.

En 1934 viajó de nuevo a Madrid. Bergamín le publicó entonces algunos poemas en su revista “Cruz y Raya” y fue cuando José María de Cossío lo contrató como colaborador en “Los toros”, la enciclopedia taurina de Espasa Calpe. Colaboró también en las Misiones Pedagógicas organizadas por el gobierno republicano. En 1936 publicó su segundo poemario, “El rayo que no cesa”, que mereció una elogiosa crítica de Juan Ramón Jiménez en “El Sol”.

La imagen de pastor poeta sin beneficio ni formación ha quedado un tanto desmitificada, pues su padre había sido un tratante de ganado y aunque durante algún tiempo el poeta tuvo que pastorear un rebaño propio no era ésta su principal dedicación. Autodidacta y lector omnívoro, Miguel Hernández fue a la escuela sólo hasta los 14 años y la abandonó porque su padre, autoritario y analfabeto, quería que se ocupara del negocio de las cabras. Mantuvo siempre grandes diferencias con su padre, opuesto a su vocación de poeta, que no lo visitó nunca en la prisión en la que agonizaba de neumonía y tuberculosis. Ni siquiera asistió a su entierro y cuando se le preguntó sobre la suerte de su hijo, dicen que su único comentario fue “él se lo ha buscado”.

Guerra y poesía

Miguel Hernández se alistó en el Partido Comunista de España ya iniciada la guerra civil y combatió en el célebre Quinto Regimiento a las órdenes de Valentín González ‘El campesino’. Después pasó a Propaganda del Ejército Rojo y a la Sexta División. En agosto de 1937 visitó la URSS con el músico Casal Chapí, el dibujante Miguel Prieto, la actriz Gloria Santullano y el periodista Francisco Martínez Allende, quienes representaban a España en el V Festival de Teatro Soviético. A su regreso, a su paso por París, Alejo Carpentier lo grabó recitando “La novia del aldeano”, único registro que se conoce de la voz de Miguel Hernández.

Durante la guerra civil participó de forma muy activa en la defensa de Madrid. Cavó trincheras en el frente, donde convivió con soldados y milicianos, y recitaba a la tropa sus poesías llenas de belleza, emoción y rebeldía. Su faceta de poeta comprometido se manifiesta sobre todo en “Vientos del pueblo. Poesía en guerra” y “El hombre acecha”. La edición de este último fue destruida por el gobierno franquista. Sólo se salvaron dos ejemplares, a través de los que pudo editarse de nuevo en 1981. Se enfrentó a Alberti y María Teresa León a causa del ambiente festivo, el lujo y la abundancia de alimentos que se encontró en los salones de la sede de la Alianza de Intelectuales Antifascistas en los primeros meses de 1939, ante cuyo derroche no pudo ocultar su indignación mientras él y otros combatientes con hambre y frío se jugaban la vida en las trincheras.

En plena guerra, marzo de 1937, se casó con Josefina Manresa, costurera, hija de un guardia civil asesinado por milicianos republicanos. Tuvieron dos hijos, uno de ellos murió a los diez meses de vida. A la muerte de Miguel Hernández Josefina fue presionada para que entregara al Estado franquista los manuscritos del poeta, a lo que siempre se negó. Lo cuenta en “Recuerdos de la viuda de Miguel Hernández”, su libro de memorias publicado en 1980 por Ediciones de la Torre.

Una obra entre el amor, el dolor y la muerte

Alianza Editorial: Obra completa de Migguel Hernández, portada
Alianza Editorial: Obra completa de Migguel Hernández, portada

Miguel Hernández está considerado como el poeta de la resistencia antifranquista y el fundador de una poesía de fuerte acento social, influida por el modernismo y la Generación del 27. Su primera poesía es la más compleja lingüísticamente, con claras influencias de Garcilaso de la Vega, San Juan de la Cruz, Góngora, Rubén Darío y Juan Ramón Jiménez.

Su “Obra poética completa” anotada por Leopoldo de Luis (quien fue su amigo en vida) y Jorge Urrutia, fue publicada originalmente por la Editorial Losada en Buenos Aires en 1960. Cuando se editó en España en 1976 por Zero-ZYX su éxito fue enorme. En 1982 se incorporó al catálogo de Alianza Editorial cuyas sucesivas reediciones la han convertido en la mejor y más completa hasta el momento.

Obra de Miguel Hernández

Poesía

  • “Perito en lunas” (Murcia. Sudeste, 1934)
  • “El rayo que no cesa” (Madrid, 1936)
  • “Viento del pueblo (Valencia, 1937)
  • “El hombre acecha” (1939)
  • “Cancionero y romancero de ausencias”

Prosa

  • “El torero más valiente. Tragedia española
  • “La tragedia de Calisto”
  • “Epistolario”
  • “Cartas a Josefina” (Alianza Tres, 1988)

En 1986 el catedrático Jesús de Riquelme publicó textos inéditos en la revista Canelobre con el título “Apócrifos y hallazgos bibliográficos sobre Miguel Hernández 1919-1942”. Ese mismo año la Diputación de Alicante presentó “22 sonetos inéditos de Miguel Hernández”, algunos publicados en la revista “Vuelta” de Octavio Paz.

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Felipe Zapico presenta en el Ateneo Varillas (León) sus “Pensamientos Zadaístas” y “Vados de paso oculto” 

El Ateneo Varillas (León) acoge el sábado 4 de marzo, a las 20 horas, la presentación de dos libros de Felipe Zapico Alonso. Por un lado “Pensamientos Zadaístas”, editado por Babilonia …

Felipe Zapico presenta en el Ateneo Varillas (León) sus “Pensamientos Zadaístas” y “Vados de paso oculto” | Tam-Tam Press

El cartel.

El Ateneo Varillas (León) acoge el sábado 4 de marzo, a las 20 horas, la presentación de dos libros de Felipe Zapico Alonso. Por un lado Pensamientos Zadaístas” –editado por Babilonia en su colección Pliegos de la Visión (dedicados a la poesía visual en todas sus clases)–, un libro encargado en el verano de 2013, con cubierta y diseño de Sol Kabañas. Por otro, “Vados de paso oculto”, obra editada por Crecida de Poesía (ahora Wanceulen/Libros del Estraperlo).

Reproducimos el prólogo de “Pensamientos Zadaístas”, de J. Seafree.

Almíbares semasiológicos

Por J. SEAFREE

A veces la comunicación escrita permita la doble capacidad verbal y visual de las palabras. Las construcciones sintácticas, los lexemas, los giros conceptuales, los guiños irónicos intencionados, liberadores, desfilan entonces en un estimulante laberinto de signos, de mensajes; en un torrente tipográfico y polícromo donde las acepciones lingüísticas se multiplican. Con sus pensamientos zadaístasFelipe Zapico nos brinda alegres néctares de paranomasias, nos muestra señales de humo en unas páginas, metáforas semánticas en otras. Su juego con las palabras y su singular laboratorio gramatical devienen en un tablero poético cuyas raíces más necesarias tienen su origen en el acto de pensar; porque la reflexión es siempre el punto de partida de cualquier senda creativa.

Pensamientos y propuestas en las que conviven el discurso (a)político, social, existencial, nihilista, dadaísta, humorístico, de denuncia, desmitificador, secularizador incluso.

Compartimos Zapico y un servidor esa veneración por la expresión poética libre, posibilista, lacónica, esencial. Ese gusto y disciplina por el léxico sujeto a avatares provocadores en el que descubrir/inventar vocablos nuevos, plurales en la forma y en el sentido. Y descubrirá a continuación el lector una peculiar armonía en la sucesión de estas páginas.

Estamos ante un ámbito de la poesía visual genuino, forjado en las células más vitales de la escritura: las letras, las sílabas, las palabras, todas recreadas con fervor deaventurero. Porque Zapico lo es, y su alforja semoviente de comunicación poética diluye copiosamente y al unísono conexiones fonéticas y de significados sin lindes.

Recordemos las líneas aleccionadoras de don Fernando Lázaro Carreter: “La Semántica horada las palabras y las frases para desentrañar sus significados, para denunciar sus ambigüedades, y poner a las claras qué quieren decir”. Visualidad semántica, pues, al servicio del diálogo que es la lectura; claves y sigilos en el arte de escribir.

Enlace al texto completo del libro en la página de la Editorial Babilonia:

:: Sobre “Vados de paso oculto”

#aflorismos, #zapiquismos y el propio ‘Vados de paso oculto’ son las tres partes de esta obra –editada por Libros del Estraperlo, al cuidado de Eladio Orta– en la que, como sucede en los últimos libros de Felipe Zapico, el aspecto visual vuelve a ser elemento destacado.

Esto le dice la poeta leonesa Mareva Mayo a Felipe Zapico:

“Cada uno de tus libros, es una desbandada de flores prohibidas y de balas rompiendo pared contra la sordera del olvido que quisieron imponernos, es un asalto de pechos armados por el Sueño y la dignidad… y cuando el mundo se quiebra de esperpento y de presidio burgués, cada uno de tus libros que nace, es un motivo para seguir. Me alegro perros y mares que tu tinta siga levantando resistencia y canción”.

También el poeta Gsús Bonilla ha leído ya “Vados de paso oculto”… y dice esto:

“Hostia puta: bueyes desbocados en Portugalete, escapando del olentzero y de Melchor, además, una niña de San Idelfonso canta la lotería con desgana indie… buah chaval, ya os digo yo, que es el libro más orsini de todos los que ha publicado Zapico: redondo en la estructura, explosivo en el contenido e impactante en el decir (digo, el ‘decir’, como ahora se dice en el argot contemporáneo de la poesía y que tan bien queda en las contraportadas de los libros de los poetas engolados, pero en este no, porque te lo puedes descargar gratis, bueno, y comprarlo también, porque se vende, sí, el decir: palabras espoleta contra lectores imperiales). Además, te cagas la patita hacia abajo, si Mareva Mayo, a la que muy pocos conocen pero algunos sí, que es de lo mejor, y de lo mejor de lo superior, que hay ahora mismo en la poesía contemporánea, dice de él, que se alegra perros y mares que su tinta siga levantando resistencia y canción”.

Acceso al texto completo y libre de “Vados de paso oculto”:

Felipe Zapico en su "explosición" titulada "A pura tinta", en Kanya Enmarcación (León). © Fotografía: Eloísa Otero.

Felipe Zapico en su “explosición” titulada “A pura tinta”, en Kanya Enmarcación (León). © Fotografía: Eloísa Otero.

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Mi cerebro necesita tu rosa

My brain is perplexed

In front of your indecipherable look

I could spend my whole life

Looking for the golden ratio

What is there between your absence

And a flower on the borders of winter.

 

Mi cerebro se muestra perplejo

delante de tu mirada indescifrable

Podría pasar toda mi vida

buscando la proporción áurea

que hay entre tu ausencia

y una flor en las fronteras del invierno.Maquetaci—n 1

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Dous Poemas de Raquel Nobre Guerra

SORRIO AOS MORTOS E ENTERRO OS VIVOS

como um objecto escuro por que

rodaram mãos e jeitos de luz.

Vivo como se não estivesse aqui

roupa leve como acontece na vida.

E vou da primeira à última batida

na respiração de um pulmão vivido.

Lê assim.

Podia arder a uma pouca distância de ti

nessa praceta que é um poema teu

— e as coisas voltariam a mim, meras,

como o ser transportada pelos dias —

mas cairei por aqui.

Meu amor.

Porta no trinco e nada nas mãos.

Há muito que é tudo o que resta.

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O FIM DO MUNDO, JÁ SE SABE, COMEÇA SEMPRE

NO CAFÉ DO BAIRRO.

O vietnamita eleva uma maçã acima da cabeça

como se me atravessasse nesse seu gesto corso

— gente que se sabe que está viva

pasto para as sensações, diria,

e isto não quer dizer nada senão

que sigo a forma dos objectos mortos nos dias

para que as coisas passem,

que me esforço por um certo sossego.

Ainda sou essa criança predadora

que empurra a noite para os lados com os dentes.

Acordo com um perfume que não é o meu,

faço contas ao corpo antes de ser bicho

— às vezes penso, esta obsessão não é verdade

estou morta sou infinita

e a manhã despenca como uma grua.

Agora vou ao café todos os dias

respiro com as raparigas da cidade

para confirmar que a ordem exacta

das coisas me entra pelo pulmão, digo

como é quente e pesado este fato preto,

que vai doendo menos abrir os olhos debaixo de água

que se canta melhor na Praça das Flores

de frente como estás para mim

que eu só queria entrar um pouco

e soprar a musa mais leve

a rigorosa definição do fogo

a força da árvore resumida ao vento.

Mas depois a minha vida é só a minha vida

um olhar bovino treinado

para devolver ao mundo o mínimo insulto

sem me mexer um milímetro.

Agora escrevo diários íntimos

para cumprir o instinto canalha

de quem rouba para ser apanhado

de quem mata pela beleza de um corpo

por onde se enfiou um dos braços

até não saber a que altura se pôs a noite.

E eu já não sei a que altura se pôs a noite,

nem da fraqueza do sol que cai de borco

no cimento.

O café ilumina-se de todos os anjos filhos da puta.

Daqui a pouco sairei de casa

estou certa que daqui sairá o poema mais triste.

(de SENHOR ROUBADO)

SENHOR ROUBADO

Seria insensato olhar para o presente como se o passado não tivesse acontecido, mas a tendência para julgar o presente em função do passado denota um certo facilitismo. Como olhariam para o seu tempo os mestres do passado, aqueles antes dos quais a história se resumia a um vazio em construção? O que deles sabemos, ou julgamos saber, é fruto de uma elaboração levada a cabo ao longo de séculos, milénios, não resulta de provas irrefutáveis, científicas, baseadas no empirismo dos factos. Em certa medida, a visão que aceitamos ou formulamos do passado é sempre uma ilusão. Uma ilusão mais ou menos fundamentada, mas ainda assim ilusão. Talvez aqueles que há 2500 anos se pensavam em termos poéticos e filosóficos se pensassem mais em função de uma projecção imaginária do futuro do que em função de uma guilhotina com a designação eufemística de tradição. Mera suposição de quem hoje tenta compreender como se pensa já não em termos poéticos e filosóficos, mas meramente literários.

Assim sendo, escrever sobre o amor, a morte, a liberdade, a traição, o medo, a solidão, escrever sobre as grandes conquistas e o que nelas perdura, escrever sobre a guerra, sobre o ódio, sobre a inveja, sobre a coragem, escrever sobre valores tais como a amizade, a perseverança, a temperança, implicará um cuidado adicional do qual os grandes escritores do passado estavam desobrigados. Esse mesmo cuidado deve ser colocado quando o tema é a própria actividade literária, a escrita do poema, tantas vezes cara aos poetas, demasiado cara, tão cara que chega a enjoar. Escrever sobre escrever é um tema como outro qualquer, pelo que não pode desobrigar-nos da mesma atenção que nos vincula à tradição. Pois é já parte da memória poética esse fardo de escrever sobre a escrita de poemas, a putativa essência do poema. No presente não podemos senão detectar tendências, pelo que os grandes temas do nosso tempo não são senão os grandes temas de todos os tempos. Apenas que perspectivados de uma maneira diferente, com uma paisagem transformada pelo curso natural dos dias.

Há muito que a ruína, por exemplo, vem sendo tema. E quem diz ruína diz o que dentro dela a faz mover-se, o motor da ruína, esse ditador que dá pelo nome de tempo e tantas vezes assume a configuração de uma degenerescência ou de uma decadência ou de um declínio. A perda, a falta, a ausência, até o distanciamento do sujeito poético face à sociedade de que é parte integrante, ainda que à margem ou paralelamente, resultam dessa mesma consciência fenomenológica do tempo. Vem isto a propósito de um livro como Senhor Roubado (Douda Correria, Abril de 2016), de Raquel Nobre Guerra (n. 1979), um livro que, sendo do seu tempo, nele não se esgota, porque extravasa a datação de uma paisagem perfeitamente identificável com um discurso incisivo acerca do que não tem tempo: «Não foi preciso muito para que a cidade / começasse a tomar o veneno do milho / e fechasse tudo. A Palmeira, o Estádio, / a Barateira, até os grandes candidatos / à última cadeira ficaram por sua conta. / Lisboa é uma azinhaga tristíssima. // Talvez queiram acabar com a música / as doenças tropicais, os sonhadores. / Fechá-los no foyer servir-lhes faisão / e orquídeas negras, preveni-los de que / no sopé da lixeira haverá sempre lugar / para mais uma mantinha. // Que dias estes em que o amor passou / para um tempo que não mexe». E o poema continua, num desprendimento capaz de colocar lado a lado Nine Inch Nails e Mário de Sá-Carneiro como quem observa nas margens do rio, frente a frente, enquanto o rio passa, o passado e o futuro a olharem-se com desconfiança.

Raquel Nobre Guerra escreve na primeira pessoa, oferece-nos com um olhar desencantado retratos expressionistas de um lugar onde está (de estar) sem sentimento de pertença. Escusado falar-se da desintegração do sujeito poético, típica de um modernismo que observava na rede eléctrica nacional um paradoxal confronto do progresso com a panorâmica rural e sombria de um país atrasado. A capa de Senhor Roubado resulta de uma feliz interpretação de Luís Henriques e faz justiça a uma poesia onde esse mesmo confronto surge reconfigurado pelo desconforto de quem parece não se encaixar no bairro e, por isso mesmo, arrisca fingir a pose de quem não finge poses para nos atirar à cara o osso escrutinado dos dias correntes: «Que valha a pena andar aqui com o propósito / de ter ponta por se estar vivo ainda que falido». Se o tom niilista não pode ser confundido com tema, com grande tema, pode pelo menos levar-nos a supor ser um dos grandes temas da nossa poesia actual este total descomprometimento com isso a que alguns insistem em tratar por grandes temas. O não-tema será, pois, um dos grandes temas da actualidade. Ir do bairro para o mundo, aproveitando a boleia da fibra óptica e sem peias de dizer quão baixas são as expectativas neste charco de ilusões que é a poesia, que talvez sempre tenha sido a poesia, «num país onde o poeta nos leva o talho a casa / e se morre de fome num país cheio de poetas».

Senhor Roubado (Douda Correria, Abril de 2016), de Raquel Nobre Guerr

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Un café con Pessoa 

Una exposición interactiva en Madrid recorre la Lisboa del escritor portugués Durante los primeros años del siglo XX una sombra encorvada recorría incesantemente cada día las calles de Lisboa vesti…

Origen: Un café con Pessoa | Periodistas en Español

Un café con Pessoa | Periodistas en Español

Xulio Formoso: Pessoa

Xulio Formoso: Pessoa

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Una exposición recrea ahora la ciudad y la obra de aquel personaje que dejó a la posteridad algunos de los mejores escritos de la literatura europea del siglo XX. Se llamaba Fernando Pessoa y guardó con la capital portuguesa vínculos muy similares a los que Kafka mantuvo con la ciudad de Praga o Joyce con Dublín.

La exposición está instalada en el sótano del Círculo de Bellas Artes, que imita el escenario de uno de esos cafés de la Lisboa de principios de siglo, con veladores y sillas en las que puede sentarse el visitante, y para ella Alberto Ruiz Samaniego y José Manuel Mouriño, comisarios de la exposición, rodaron un largo documental con añadidos de material de archivo de la Cinemateca Portuguesa, que se puede ver completo o dividido en 27 escenas a las que se accede a través de hipervínculos situados en las pantallas de las paredes del café, correspondientes a otros tantos espacios vinculados a Pessoa.

Aquí están las viviendas que ocupó en la ciudad (más de veinte), las oficinas en las que trabajó, los escenarios ligados a su obra literaria y poética, como la Baixa, la Rua da Prata, la Rua dos Douradores, la Plaza del Comercio, los restaurantes Martinho da Arcada y Antigua Casa Pessoa (nada que ver con el escritor) o el café A Brasileira do Rossio, junto al que hay una pequeña estatua del poeta. En todos esos lugares podía encontrarse a Pessoa, que llegaba a cada uno de ellos con sagrada y meticulosa puntualidad.

El cantautor extremeño Pablo Guerrero ha prestado su voz a los textos de Pessoa que acompañan los diferentes pasajes de la película, subrayados por la música de Miguel Copón. El tono emocional de la voz de Guerrero se identifica plenamente con la melancolía de los textos del escritor portugués.

Además del documental, un denominado Atlas Fernando Pessoa se pone a disposición del visitante como una herramienta informática con la que penetrar en la vida poliédrica y multidireccional del poeta portugués y lo invita a convertirse en el caminante y en el voyeur que Pessoa era durante sus largos paseos. Cada visitante puede crear su propio itinerario pessoano a través de una selección personal de fragmentos de su obra agrupados en seis grandes categorías: Sensualismo, Noche, Fármacos, Panteísmo y Lecturas/Estética.

Otras posibilidades del recorrido atienden a conceptos como el amor, la muerte, el sueño o la verdad. También se pueden realizar conexiones con otros términos a través de una selección de escritos de Pessoa, fundamentalmente del “Libro del desasosiego”, “La educación del estoico” y algunos de sus poemas. También se puede acceder a través de sus heterónimos: Ricardo Reis, Álvaro de Campos, Bernardo Soares, Alberto Caeiro (a quien Pessoa llama “mi maestro”)… con los que firmaba sus obras no como seudónimos sino como si fueran colegas ficticios, con su estilo propio y sus temas recurrentes (“vivir es ser otro”, escribió en el “Libro del desasosiego”).

En carta a su amigo el poeta Adolfo Casais Monteiro, Pessoa habla de la triada fundamental de esta heteronimia: “Puse en Caeiro todo mi poder de despersonalización dramática, puse en Ricardo Reis toda mi disciplina mental vestida con la música que le es propia, puse en Álvaro de Campos toda la emoción que no doy ni a mí ni a la vida” (en “Páginas de autointerpretación”, un texto publicado en 1966, explica con detalle esta heteronimia)Todo este material está disponible también en la página web del Círculo de Bellas Artes de Madrid.

Los mundos de Pessoa

Fernando Antonio Nogueira Pessoa (Lisboa 1888-1935) es el más grande escritor portugués contemporáneo. Educado en lengua inglesa durante nueve años de su infancia en la ciudad sudafricana de Durban, entonces colonia británica, a la que trasladaron a su padrastro como cónsul de Portugal allí, su vida transcurrió entre la soledad y el misterio, atormentado por una propensión al alcoholismo y la esquizofrenia y obsesionado por el destino, una obsesión que manifestaba en su afición a los horóscopos, el ocultismo y las cartas astrales (se hizo más de mil, a él y a sus heterónimos). Esta tendencia explica en cierto modo sus relaciones con la masonería y el rosacrucismo en unos años en los que el mundo intelectual navegaba en las ondas del surrealismo y el sicoanálisis.

Lisboa fue la totalidad del paisaje de su vida adulta, una ciudad de la que nunca volvió a salir tras su regreso de Durban (sólo una vez a Portugalete y otra a Évora).Nada se sabe de su sexualidad sino las especulaciones que los intérpretes han hecho de ella a través de los comportamientos de sus heterónimos y de su rechazo a contraer matrimonio en la única ocasión que tuvo para hacerlo, con Ofelia Queirós.

Escribió mucho y de manera compulsiva (en otra carta a Casais Monteiro le cuenta que un día, en estado de éxtasis, había escrito treinta y tantos poemas de un tirón: además Pessoa escribía de pie) pero la mayor parte de su obra no fue conocida sino después de su muerte, a veces muchos años después (el “Libro del desasosiego”, escrito entre 1913 y 1935 no se publicó hasta 1982).

Excepto “Mensaje” (1934), dos colecciones de poemas en inglés publicados entre 1918 y 1921 y algunas colaboraciones en las revistas “Orpheu”, “Presença” y “Águia”, sus escritos estuvieron inéditos hasta su muerte porque a Pessoa no le interesaban la fama ni los fastos de la literatura: “¿Qué me importa que nadie lea lo que escribo?. Lo escribo para distraerme de vivir”.

Murió en el Hospital San Luis de los Franceses pocas horas después de escribir su último poema, y fue tras su muerte cuando se produjo uno de los hallazgos más fascinantes de la historia de la literatura: un baúl de madera repleto de páginas escritas, desordenadas, mal fechadas, caóticas (en una misma hoja podía haber el fragmento de un ensayo sobre la I Guerra Mundial junto a un poema y breves reflexiones filosóficas) que se han venido publicando durante años y de las que aún están inéditas una buena parte.

El Estado compró todo este material en 1976 y la editorial Assirio&Alvim fue editando los más de 25.000 papeles que descansan en la Biblioteca Nacional.

  • TÍTULO: Pessoa/Lisboa
    LUGAR. Círculo de Bellas Artes. Sala Minerva. C/. Marqués de Casa Riera. Madrid
    FECHAS. Hasta el 5 de marzo de 2017
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